Catalunya, un prólogo mal escrito

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Una auténtica gesta colectiva que supuso entre otras cosas esquivar la persecución policial de urnas y papeletas en particular, con dos millones bastante largo de catalanes de todas las procedencias que apostó por votar a pesar de que parecía que habían vuelto ¡los grises!…

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Hacía días declaraba desde el exilio Puigdemont que no hay que “hacerse sangre” con la autocrítica, pero lo cierto es que eso es seguro lo mejor que se puede hacer, hubo un momento que un “pero” sonaba a querer romper el encanto, lo pude ver en alguna asamblea cuando alguien daba cuenta de que todo era bastante complicado y que no se podían subestimar la resistente de un Estado que se caracteriza por su total falta de escrúpulos. Ahora Tardá efectúa un listado de “errores”, que antes parecían algo propio de aquellos que no se querían comprometer con la apuesta de la Generalitat, y Marta Rovira se ha envuelto en un “yo acuso” de las advertencias del poder, de señores como el gran Rajoy que declara que “no todo está permitido”, todo un alarde de humor británico. Lo que aquí queda ante todo y sobre todo es el éxito logístico del 1 de octubre. Una auténtica gesta colectiva que supuso entre otras cosas esquivar la persecución policial de urnas y papeletas en particular, con dos millones bastante largo de catalanes de todas las procedencias que apostó por votar a pesar de que parecía que habían vuelto “los grises”.

Desde luego el referéndum no se materializó por la planificación minuciosa del gobierno o de la dirección de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), sino por la dinámica de auto-organización desde de la tropa más entusiasta, de la juventud especialmente. Fue un movimiento desde abajo que arrancó tras el golpe represivo del 20S y que se aceleró los días previos a la cita, con la ocupación y defensa de los colegios electorales, con una gesta decidida y alegre. Así debe ser la revolución” me comentó un colega, y nos reímos; “como no hemos visto ninguna no podemos decir” En principio, tanto el gobierno como la ANC se contentaban en conseguir abrir los centros de votación y distribuir urnas y papeletas. Asumían que la policía española impediría votar y su objetivo era conseguir la foto de largas colas de ciudadanos ante colegios electorales cerrados por la fuerza aunque el porcentaje fuese meramente testimonial, que no lo fue. Luego las cosas fueron por derroteros más participativos, desbordante incluso. El referéndum se concretó ante el estupor de propios y extraños y la indignación por la represión propulsó la jornada de movilización del día 3. Esto quedará para la historia.

Desde aquel momento se escenificó una política de titubeos por parte de un gobierno catalán que no había previsto semejante escenario. Que no sabía como afrontar ahora la escalada de confrontación que se preveía frente a un gobierno burlado y malhumorado. Sí se proclamaba la República catalana significaría un choque de trenes para el que no estaban preparados. Ahora sabemos que nunca existió una estrategia de avance dentro de lo posible. En primer lugar con una política de alianza con los sectores no independentistas pero sí soberanistas y rupturistas que también se movilizaron los días 1 y 3. Después del gesto de la imprevisible “suspensión” de la declaración el día 10 y de un intento abortado de convocar elecciones (que desde la retrospectiva hasta los más lanzados aplaudirían después pero que en aquel momento hablaron de “traición”) en el caso de que el ejecutivo pepero retiraba la aplicación del artículo 155 (que nadie sabía mucho más que estaban dispuesto a poner todo lo malo que pudieran), el día 26 el President se vio forzado a proclamar la República catalana a las bravas. Sin consecuencias prácticas, sin mañana, sin plan alguno, con advertencias militares sopladas a la oreja. En este cuadro, la reacción de la izquierda y de la opinión pública europea que olía desde sus casas la peste del franquismo, Rajoy convoca elecciones. A la postre, un triunfo del procesismo, nos dice Josep Ramoneda, por cierto, el filósofo autor de una obra que hoy se meterá debajo de la cama: “Después de la pasión política” (Taurus. Madrid, 1999) desde la que previa que la política ya no sería tan apasionada como antes.

En todo esto se plantea una pregunta: ¿qué tiene Catalunya?

En un antiguo relato sobre la España caciquil se evoca una reunión de jornaleros para ver a quien debían de votar. La respuesta la dio el que dijo, “a aquellos que más molesten a los señores”. El relato me vino a la viendo en la Cuatro al portavoz de Societat Civil Catalana asegurar que el proceso soberanista era un vulgar montaje de la gran burguesía catalana; por obra y gracia de zapping justo a continuación aparecía en la Sexta el presidente de la patronal catalana echando pestes contra la “locura” catalanista contra la que iban a aplicar su propio 155. Pero esto no parece convencer a gente tan admirable en tantas cosas, por ejemplo “El Roto”,  que sin embargo no puede ocultar su fobia contra los nacionalismos…sin Estado.

Supongo que al margen del rechazo que nos produzcan actitudes como las que señaladas, es de primera importancia reconocer que sin representativas entre muchos catalanes incluyendo los “de toda la vida” como el tan citado Frutos. Igualmente conviene considerar que la “refundación” de Catalunya con la emigración, no ha impedido la marginación de los barrios periféricos y difusos, los del antiguo cordón “rojo”, actualmente inmersos en el desaliento y desconcierto. También cabe pensar que en un tiempo tan vertiginoso, con un dilema tan complejo como el nacional, con todos los componentes que se están dando, no todo el mundo llega a situarse en la postura más coherente: la que más molesta a un poder cada vez más ilegítimo. No hay que olvidar que hasta hace dos días eran unos pocos centenares (o unos pocos miles) los que gritaban “INDE-PEN-DEN-CIA”.

Esta opción sin embargo, no ha caído del cielo. Representa la confluencia de numerosos factores, surge de la mayor evolución cultural crítica catalana. Un detalle para mí muy revelador: las antiguas fiestas “religiosas” del apogeo barroquista se han convertido en Catalunya en “festas populares” con referencias derivadas de las propias tradiciones populares “heréticas” como la de “Els Diables” Las pocas procesiones que se escenifican tienen lugar en barrios en los que funcionan cofradías como manifestación de lo que algunos llaman “culturas refugios”. Convienen subrayar todas la veces que haga falta que el “procés” es una respuesta asociativa, identitaria y de reafirmación frente a un gobierno que no ha hecho más que apretar las tuercas en base a unos planes rotundamente antipopulares. En su rechazo, esta otra Catalunya tiene ahora “más poder” que nunca, está siendo empoderada por su gente más preparada, por la sociedad civil organizada de mil maneras. Simplemente a lo que decida la mayoría en un Referéndum que los partidos dinásticos no quieren ni oír hablar. Al parecer les gusta más el “novoto” como sucedió con el apartado 135 de la Constitución que garantizaba la política de venta del país a los grandes consorcios.

Se dice que se ha impuesto la “normalidad”, que es lo peor que puede pasar. Sobre todo porque el gobierno está afilando medidas antipopulares de primera magnitud, recortes sin cuentos, para los que necesita que todo siga “atado y bien atado”. La puerta de una alternativa con el PSOE-PSC ya no existe, sí es existió alguna vez. Lo que puede existir es una recomposición política y social ante lo cual no nos podemos equivocar demasiado.

 

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