Publicado en: 27 septiembre, 2017

[Catalunya] Perplejidades intempestivas

Por Tomás Ibáñez

Me gustaría compartir el optimismo de los compañeros que quieren intentar abrir grietas en la situación actual para posibilitar salidas emancipatorias, sin embargo no puedo cerrar los ojos ante la evidencia de que las insurrecciones populares, y los movimientos por los derechos sociales nunca son transversales, siempre encuentran a las clases dominantes formando piña en un lado de las barricadas.

por Tomás Ibáñez

Cuando acontecen en Catalunya cambios tan drásticos como los que se han producido desde las multitudinarias manifestaciones del 15 de mayo de 2011 resulta difícil no experimentar cierta perplejidad.

¿ Que ha podido ocurrir para que algunos de los sectores más combativos de la sociedad catalana hayan pasado de “rodear el Parlament” en el verano del 2011 a querer defender las Instituciones de Catalunya en septiembre del 2017 ?

¿ Que ha podido ocurrir para que esos sectores hayan pasado de plantar cara a los mossos d’escuadra en la plaza catalunya, y de recriminarles salvajadas, como las que padecieron Esther Quintana o Andrés Benítez, a aplaudir ahora su presencia en las calles y a temer que no tengan plena autonomía policial?

¿ Que ha podido ocurrir para que parte de esos sectores hayan pasado de denunciar el Guvern por sus políticas antisociales a votar hace poco sus presupuestos?

¿ Pero, también, que ha podido ocurrir para que ciertos sectores del anarcosindicalismo hayan pasado de afirmar que las libertades nunca se han conseguido votando a defender ahora que se dé esa posibilidad a la ciudadanía?

La lista de preguntas se podría ampliar enormemente y se podrían aportar múltiples respuestas a las pocas que aquí se han formulado. En efecto, se pueden aducir factores tales como el agotamiento del ciclo del 78, la crisis económica con sus correspondientes recortes y precarizaciones, la instalación de la derecha en el gobierno español con sus políticas autoritarias y sus recortes de libertades, la escandalosa corrupción del partido mayoritario etc. etc.

Sin embargo me parece que sería ingenuo excluir de esas respuestas la que pasa por tomar en cuenta, también, el extraordinario auge del sentimiento nacionalista. Un auge que, sin duda alguna, han contribuido a potenciar los factores a los que acabo de aludir pero que también ha recibido muy importantes dosis de combustible desde las propias estructuras del gobierno catalán y desde su control de las televisiones públicas catalanas. Varios años de persistente excitación de la fibra nacionalista no podían no tener importantes efectos sobre las subjetividades, tanto más cuanto que las estrategias para ampliar la base del independentismo nacionalista catalán han sido, y siguen siendo, de una extraordinaria inteligencia. La potencia de un relato construido a partir del derecho a decidir, en base a la imagen de las urnas, y a la exigencia de la libertad de votar, era extraordinaria y conseguía disimular perfectamente el hecho de que era todo un aparato de gobierno el que se volcaba en promover ese relato.

Hoy, la estelada (roja o azul) es sin la menor duda el símbolo cargado de emotividad bajo el cual se movilizan las masas, y es precisamente ese aspecto el que no deberían menospreciar quienes sin ser nacionalistas ven en las movilizaciones pro referéndum una oportunidad que los libertarios no deberían desaprovechar para intentar abrir espacios con potencialidades, sino revolucionarias, por lo menos portadoras de una fuerte agitación social, y se lanzan por lo tanto en la batalla que enfrenta los gobiernos de España y de Catalunya.

No deberían menospreciarlo porque cuando un movimiento de lucha incluye un importante componente nacionalista, y este es, sin duda alguna, el caso en el presente conflicto, las posibilidades de un cambio de carácter emancipatorio son estrictamente nulas.

Me gustaría compartir el optimismo de los compañeros que quieren intentar abrir grietas en la situación actual para posibilitar salidas emancipatorias, sin embargo no puedo cerrar los ojos ante la evidencia de que las insurrecciones populares, y los movimientos por los derechos sociales nunca son transversales, siempre encuentran a las clases dominantes formando piña en un lado de las barricadas. Mientras que en los procesos de autodeterminación, y el actual movimiento es claramente de ese tipo, siempre interviene un fuerte componente interclasista.

Esos procesos siempre hermanan a los explotados y a los explotadores en pos de un objetivo que nunca es el de superar las desigualdades sociales. El resultado, corroborado por la historia, es que los procesos de autodeterminación de las naciones siempre acaban reproduciendo la sociedad de clases, volviendo a subyugar las clases populares después de que estás hayan sido la principal carne de cañón en esas contiendas.

Eso no significa que no haya que luchar contra los nacionalismos dominantes y procurar destruirlos, pero hay que hacerlo denunciando constantemente los nacionalismos ascendentes, en lugar de confluir con ellos bajo pretexto de que esa lucha conjunta puede proporcionarnos posibilidades de desbordar sus planteamientos y de arrinconar a quienes solo persiguen la creación de un nuevo Estado nacional que puedan controlar. Que nadie lo dude, esos compañeros de viaje serán los primeros en reprimirnos en cuanto no nos necesiten, y ya deberíamos estar escarmentados de sacarles las castañas del fuego.

Tomás Ibañez

Barcelona 26 de septiembre de 2017

6 Comentarios
  1. iñaki dice:

    Entendiendo tus argumentos, y compreniendo tus temores, Tomás, sí que quisiera decir que : a) si se dan – que parece ser el caso- divergencias y contradicciones entre diferentes sectores o franjas de la clase dominante, no parece que haya de evitarse forzar tales contradicciones en la medidad en que tal postura pueda abrir ciertas puertas hacia formas, micro, de liberación; b) por otra parte, soy de la opinión que todas estas movilizaciones – cierto que bajo la batuta de nacionalismos diversos ( no todos son iguales)- al menos están sirviendo para dos cosas: una, para que cada cual enseñe la patita y haya de posicionarse ante el asunto, y dos, que , vellis nolis, algunas de las reivindicaciones apunatn a algunos aspectos, rupturistas, que en su momento se juzgaban esenciales como son “el derecho a decidir de las nacionalidades oprimidas” y “la elección entre monarquía y república”…Sabido es que esto es quedarse corto en lo que hace al horizonte emnacipatorio, pero las cosas necesitan su tiempo, que los tiempos revueltos pieden acelerar( es el caso), y tampoco se ha de pecar de purista ni en lo que hace a marcar un camino recto y directo a la transformación social, ni a la pureza de los objetivos…pues estas movilizaciones pienso que sirven, cuando menos, para agitar las dormidas aguas de la revuelta ( los emergentes jugando a ser admitidos en el club de los sensatos), abriendo nuevos centros contra el Estado uniformista y centralista…luchas riozmáticas que hace que se vayan cabando – como la labor del viejo topo- caminos que no sé si llevan a parte alguna, pero que al menos sí que suponen algunos intentos de cambiar las cosas.

    • Tomás dice:

      Iñaki, también entiendo y aprecio tus argumentos, son precisamente los que me hacen dudar, pero finalmente no los acabo de compartir, quizás porque se lo facil que resulta encender la fibra nacionalista, la fuerza que tiene en la sensibilidad de las personas y lo peligroso que es. dar calor a los huevos de la serpiente me parece una apuesta demasiado arriesgada. Ojalá me equivoque pero, como ves, soy más precavido y menos optimista que tu-

  2. Pero para que en vez de comportarte como un sesudo faísta, Tomás, no parezcas el Tío Tom… ¿no debería notársete algo más de virulencia con el nacional-imperialismo supremacista, el clerical-fascista español? A ver si con la edad vas a ser de esos españolistas de camuflaje, de los de ‘contra Franco vivíamos mejor’…
    Un saludo fraternal -con la loriga, el yelmo y el escudo puestos- desde Andalucía Libre:

    https://www.youtube.com/watch?v=S5OMqRBOdy4

  3. No soñar en la revolución social hoy ni en “cambiar las cosas” aceptando las reglas de juego de la clase dominante en España y Catalunya.
    Ser pragmáticos es aprovechar esta coyuntura para desbordar esas reglas de juego (que cada bando institucional utiliza como le conviene) agitando “las dormidas aguas de la revuelta” y “abriendo nuevos centros contra el Estado uniformista y centralista” español y catalán.
    Ser pragmáticos es mostrar con acciones la ilusión paralizante del voto y las potencialidades emancipadoras de la revuelta.
    La historia nos enseña que el camino se hace caminando no votando.
    En la España del 78 llevamos votando cuarenta años y todavía renemos a los Tajoy y Puigdemont gobernando !!!
    Salud
    Octavio

  4. Uy, escarmentados dice que deberíamos estar.

    Parece querer ignorar o no tener en consideración que la estupidez humana es infinita (no se sabe si lo es el universo, no obstante); pero si la gente se apunta a una guerra, a ir a una guerra, cuando ya está desesperada perdida, ¡¡¡cómo no se va a apuntar a cantos de sirena, etc.!!!

    En fin, un poco más de rigor, por favor.

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