Publicado en: 15 diciembre, 2016

Byung-Chul Han: preguntas sobre el poder

Por Iñaki Urdanibia

El pensador de origen coreano continua elaborando su particular ontología del presente.

Por Iñaki Urdanibia

« Mi principio es: si existe la mínima posibilidad, por ínfima que sea, de poder contribuir al logro de alguna cosa actuando en esta situación espantosa, en la que estamos inmersos, es preciso hacerlo»

                                    ( Günther Anders )

« …tanto peor para la gente fatigada»

                            ( Jacques Rancière )

« Oscuro,para que todos atiendan;

claro como el agua, claro,/

para que nadie comprenda »

                                  ( Antonio Machado)

« Es cuando duermo que veo claro »

                             ( J.V. Foix )

No es la primera vez, ni será seguramente la última, que me aproximo a los libros, en la medida en que van siendo traducidos impecable y regularmente por Herder, como se puede comprobar en el par de artículos que le he dedicado en esta misma red. Es claro que la lectura del filósofo coreano, afincado en Alemania, no es apta para gente que tiene las cosas absolutamente claras, ya que en ellos provocará una verdadera urticaria. Él parece que sí que las tiene claritas, mas dejando de lado esta seguridad que muestra en sus tajantes , y desesperanzadas , afirmaciones, a cualquiera que se acerque a sus libros siempre que se haga con una mente abierta, y no aferrada a inflexibles dogmas, puede dar mucho que pensar, bastante que dudar, y no poco que discutir. Si Antonio Gramsci proponía que se debía mantener un pesimismo de la razón y un optimismo de la voluntad, el pensador del que hablo muestra cierto pesimismo , casi diría que complaciente, en los dos terrenos, el de la razón y en el de la voluntad, hasta el punto de poder concluir si se aceptan sus presupuestos con un no hay futuro, que podría resultar familiar a aquella copla con tonos apocalípticos de los asturianos Ilegales: agotados de esperar el fin pues ya está todo el bacalao vendido. A servidor le sirve su lectura como agitación ante la duda permanente, por no decir la absoluta falta de fe, acerca de los futuros luminosos y las mañanas que cantan ( les lendemains qui chantent); antídoto de las doctrinas cerradas y elaboradas de una vez por todas, sin contar con las distintas lluvias históricas que caen, mas, todo hay que decirlo, con un claro escore hacia la inactividad desesperanzada, que salvando las distancias y los enfoques que se quieren y deban salvar, recuerdan a los aires funerarios del fin de la historia ( Francios Fukuyama dixit), en estos tiempos tan plagados de muertes ( del arte, de la filosofía, de la historia, de…). No hay nada que hacer, cualquier intento o promesa de emancipación no es más que ilusión cuando no es puro engaño, o ambas cosas a la vez…No cabe duda de que no son tiempos, a poco que se analicen las cosas con cierta mesura, para alegrías y esperanzas…y no me refiero, en concreto a palabras mayores como revolución, por ejemplo, que hace unas décadas estaban en boca de muchos o al menos de bastantes, pero sí que aun manteniendo un sentimiento de falta de esperanza y fe, sí que parece probo con la dignidad de los humanos gritar cuando se les pisa el callo, o cualquier otra parte de la anatomía, y/o atenerse a aquella prescripción pagana de Jean-François Lyotard que proponía ser paganos, ser justos ( soyons païens, soyons justes ), ya que aun aceptando que los metanarrativas legitimadoras ( les grands récits) ya se han ido al guano desde hace décadas, esto no quita para que, aun sin brújula, se trate de responder con justicia a los desafíos del presente.

Según Han vivimos tiempos de cansancio y tal cansancio que ha penetrado en la sociedad, se ha contagiado a los individuos, y a él mismo en lo que se refiere a sus diagnósticos sobre el presente ( y futuro) que no en lo que hace a su producción que no cesa de aumentar. El triunfo del neoliberalismo –según la visión de Han- ha sido por goleada hasta el punto de convertir a los ciudadanos en jueces y patronos de sí mismos, lo que hace que cualquier vía de salida del atolladero, por chungo que nos parezca, es imposible[ ¿ si otro mundo no es posible, al menos no es deseable? ]. En este orden de cosas en sus obras, como ya he señalado en anteriores ocasiones, arregla cuentas con algunas posturas críticas que según él ya han superado sus respectivas fechas de caducidad, pues tratan de aplicar sus medicinas a males que ya no son los de antes; entre quienes son objeto de sus críticas podemos hallar a Michel Foucault, Giorgio Agamben, Antonio Negri i tutti quanti, que se posicionen en posturas de resistencia a lo dado…así sus constantes ajustes de cuentas se dirigen a quienes tratan de buscar las cosquillas al statu quo, mientras que quienes dirigen el cotarro ( que se tome la expresión a nivel del habla coloquial, sin pretender con ella ninguna rigurosidad en la idea que puede expresar que hay un sujeto, o varios, colocados a una altura…que dirigen todo lo que sucede en la sociedad) quedan indemnes de cualquier crítica o descalificación [ sea dicho al pasar que las teorizaciones microfísicas foucaultianas, al igual que el acento puesto en la productividad del poder, no solo en sus aspectos represivos, resultan-a mi modo de ver de una gran pertinencia]. No me privo de repetir lo que ya he comentado en otras ocasiones: en lo que hace a lo descriptivo poco hay que objetar a los análisis de Han, el problema-a mi modo de ver- reside en su falta de preocupación por hallar posibles salidas, al menos si no generales sí al menos sectoriales a nivel de humilde bricolaje ( moleculares o rizomáticas que dirían los otros), lo que hace que sus análisis chapoteen en un conformismo cínico .

En la presente ocasión, tras rastrear por los caminos de lo digital, del arte, de la violencia, del erotismo o del budismo zen, en su « Sobre el poder » ( Herder, 2016) se dedica a plantear una serie de interrogantes sobre la espinosa cuestión que tantas divergencias ocasiona: para unos supone el monopolio de la violencia( encarnada en el Estado), para otros-de tendencia contractualista- mecanismo precisamente para evitar los enfrentamientos y facilitar la comunicación entre los ciudadanos; instancia opresora frente a quienes la consideran como facilitadora del disfrute y la paz de los ciudadanos…desde los hipotéticos tiempos del hipotético contrato social que vendría a suponer una cesión del poder de los ciudadanos con el fin de evitar el caos y la lucha de todos contra todos a una instancia superior que sería la que garantizaría la armonía social. En fin, visiones en las antípodas se acumulan y la supuesta claridad solo es presentada como tal en los panfletos y en los departamentos de agit-prop . Así pues, el propósito de Han es « hallar un concepto dinámico de poder capaz de unificar en sí mismo las nociones divergentes respecto a él. Lo que hay que formular es, por lo tanto, una forma fundamental de poder que, mediante la reubicación de elementos estructurales internos, genere diversas formas de manifestarse » y para intentar cubrir tal empresa recurre a cinco pasos: Lógica del poder, Semántica del poder, Metáfora del poder, Política del poder y Ética del poder.

El repaso comienza, la lógica del poder, mostrando las diferentes opciones que se plantean en las relaciones del yo con el otro, situación personal que es traspasada al nivel colectivo. Es decir, si el yo se impone a otros lo puede hacer de varias maneras: a la fuerza, con amenazas o violencia, o bien seduciéndolo, de modo que el otro acabe haciendo suyo el pensamiento del yo otro, aceptándolo no a regañadientes sino considerándolo como bueno. Indudablemente la segunda manera es la más eficaz ya que no se fuerza a obedecer sino que se hace que el otro asuma con libertad lo que en principio no es suyo. En el terreno político, el soberano que recurre a la amenaza de sanción o a la violencia no convence sino que anula a los súbditos, lo que supone que el poder se mantenga en un estado de fragilidad; siendo preferible el camino que suponga aceptación del discurso dominante, del soberano. Tales propuestas se enfrentan a quienes postulan una igualdad entre poder y violencia. Impulsar las funciones comunicativas del poder haciendo que este logre traspasar sus propuestas a sus subordinados es el modo de funcionamiento del poder que no recurre a la coacción, lo que no significa que no haya leyes y reglamentos que pueden ser usados, con rigor ejecutivo, en caso de que alguien no se pliegue a lo establecido. Dos son , en el primer capítulo, el objeto de sus críticas. Por una parte, Luhmann que viene a mantener cierta simetría entre los dos polos ( gobernantes y gobernados) como si la comunicación fuera en ambas direcciones, cuando de hecho es unidireccional: uno consigue que el otro haga suyas sus ideas; por otra, Elias Canetti que ve únicamente el poder como coerción, como represión, etc.

En el siguiente capítulo, semántica del poder, reflexiona sobre el sentido, que para que se dé ha de suponer una estructuración, organización, relación entre diferentes partes, ya que en caso contrario no habría orden ni sentido sino azar, desorden, caos. Partiendo de la visión nietzscheana, que mantenía que en la transmisión de sentido existe ya una relación de fuerza en la que uno impone al otro su modo de pensar ( la sombra de los planteamientos foucaultianos de las interrelaciones entre saber y poder asoman). Precisamente la postura de Foucault que subrayaba el carácter productivo del poder, huyendo de la postura meramente represiva, es expuesta , como también se muestran las discordancias con tal visión por parte de Agamben que se aferra a la visión del poder como mera represión, según Han;no obstante, éste mantiene que « Foucault libera el poder de la angostura de la prohibición o de la coerción. Pero su monismo del poder recorta lo social. El poder no es lo único que genera el sentido social », dedicando unas muy interesantes páginas a su amistosa discusión con el autor de « Vigilar y castigar»

Tres capítulos más ( Metafísica del poder, Política del poder y Ética del poder ) completan la travesía del ensayista por las redes del poder ajustando cuentas con el ya mentado Foucault ( quien más te quiera te hará llorar, y lo digo ya que sin dudar, Han ve con simpatía las propuestas de éste aun cuando muchas de ellas le parecen desfasadas en la medida que responden a tiempos pretéritos) de quien critica que cargase en exceso el acento en el carácter de juego y relación de lucha a la hora de explicar el funcionamiento del poder desplazándolo así, en sus últimas obras, al nivel individual y subjetivo ( le souci de soi); con Habermas y sus tendencias “comunicativas”( aclarando que el poder no puede fundamentarse en la comunicación y el acuerdo), Luhmann y con las visiones simplificadoras de Arendt, Heidegger o Schmitt( de quien analiza su teoría del estado de excepción ),…adoptando ciertos aires nietzscheanos, agarrándose a la religión de la fatiga profunda de Peter Handke , ampliando la ubicación del poder a lo digital , y… señalando, siguiendo la senda nietzscheana, hacia una ética de « obsequiarse a sí mismo, a vaciarse a sí mismo, para convertirse en nadie» ( ¿la sombra del budismo es alargada?) … poniendo el énfasis en algunas de las cuestiones ya apuntadas y que me permito resumir, sin entrar en detalles mayores, en las líneas que siguen.

Guste o no guste, algunos subrayarán la sensación de desencanto- e impotencia- que transmiten sus obras, las exploraciones de Han, aunque duelan, apuntan a aspectos esenciales de nuestro hoy, y en ese orden de cosas son un verdadero antídoto para los posicionamientos esquemáticos y para las alegrías que se mantienen dentro de los momentos de olas revolucionarias, confundiendo deseos con realidades…para ello, como señala, en cerrado debate con Negri y compañía, es preciso comprender con exactitud ( dejando de lado optimismos y/o pesimismos) cómo funcionan en la actualidad el poder y la dominación. En este orden de cosas, no se puede trazar el signo de igualdad entre otros momentos históricos en los que el poder recurría habitualmente y de modo continuado a la violencia para imponer su dominación con otras formas más sibilinas, lo que no quita ciertos ramalazos represivos abiertos, que son las que hoy imperan en la sociedad neoliberal, y que hacen que la dominación se instale en el interior de cada individuo, lo que supone un eficaz freno para cualquier espíritu revolucionario y hasta serios obstáculos para las posturas resistentes ( recuerdo una afirmación de Noam Chomsky, leída hace ya unos añitos que cito de memoria, que mantenía que si hubiese un dictador fascista que fuese racional-oxímoron al canto- elegiría el modelo americano: cada cual con un policía en la cabeza) . Antes , al menos en nuestra zona geográfica , la imposición de los patronos y sus defensores se basaba en la violencia y la fuerza, lo que hacía que éstas resultarán visibles y la respuesta era inmediata ya que, como decía el otro, donde hay opresión, hay resistencia; el sistema de dominación neoliberal funciona de modo radicalmente distinto, por medio de la seducción, convirtiendo a cada cual en su propio empresario y en el único responsable de sus performances, dándose una interiorización de la lucha de clases en el seno de cada cual que le convierte a la vez en dueño y esclavo. La eficacia se impone, la competencia también y el placer de lograr objetivos cada vez mayores, en una carrera sin límites, hace que la lógica del poder se haya desplazado, descolocando a muchos de quienes continúan manteniendo las soluciones, pretendidas, de antaño. A mi modo de ver, algunas de las posiciones de Han no resultan extrañas en exceso con respecto a las derivas foucaultianas sobre las “tecnologías del yo”, a pesar de los ajustes que el germano se permite realizar. Esencial, en ese terreno, es la necesidad de distinguir entre el poder que impone al que estabiliza, quedando bajo esta segunda forma oculto, lo que hace que no se vea con claridad contra quién se han de dirigir los dardos del descontento ¿ contra uno mismo?. El conformismo y el consenso dominan en la actual coyuntura, lo queda patente en los resultados electorales ( dejando de lado -cosa que desde luego el pensador hace- el engaño que per se supone el capital-parlamentarismo que diría Alain Badiou), que hace que cuando no ganen los liberales de derecha lo hagan los de supuesta izquierda, y…que a no ser en lo relacionado con cuestiones de cintura para abajo, tanto monta, monta tanto…

Con un par de cosas quisiera concluir estas líneas: por una parte, sabido es que en lo que hace a los posicionamientos políticos juegan tanto, o más , los afectos que la fría razón; en este sentido el que escribe piensa que los análisis de Agamben, Bourdieu o Foucault por citar algunos de los autores visitados son francamente interesantes no solamente en el plano del diagnóstico del presente, y su genealogía, sino igualmente en el abrir puertas que comuniquen con ciertas tendencias liberadoras futuras. Las críticas de Han a veces se asemejan a cierto surfeo -sin zambullirse- sobre los problemas, obviando temas de interés relacionados con los temas de los que trata ( en este caso: resistencia, desobediencia, legitimidad, revuelta, justicia…) o con autores esenciales ( Kant, Lefort, Rousseau, Spinoza, Weber, Lenin, Milliband, Poulantzas…), ignorando también algunas referencias bibliográficas fundamentales en algunos autores criticados ( me vienen a la cabeza: en el caso de Foucault, se obvian sus cursos y seminarios que tratan sobre el tema en cuestión- biopoder, gubernamentalidad, etc.-, en el de Agamben se deja de lado su Homo sacer, ciñéndose únicamente a uno de sus estudios, o en el caso de Bourdieu, se deja de lado su curso sobre el Estado; por nombrar algunos casos que a mi modo de ver resultan claves para acercarse a la visión sobre el poder de tales pensadores). Así en ocasiones asoma una sensación de que se comporta como un elefante en cacharrería a pesar de caminar con ligeras patas de paloma.

N.B.: Si en el artículo alguien puede ver cierto balanceo, éste es debido a la lucha entre la duda y los deseos del que escribe, y cierto desconcierto ( y disgusto) que le origina la lectura realizada. En esto servidor se haya cerca de aquel escéptico que al escuchar a Sócrates decir aquello de “sólo sé que no sé nada “ contestaba: “ yo ni eso”.

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