Byung-Chul Han, lo mismo sin lo otro

Por Iñaki Urdanibia

La última entrega del incansable pensador coreano-germano

Por Iñaki Urdanibia

                                                                                        « Dentro de este orden de lo global que hoy es hegemónico y que totaliza lo igual en realidad solo existen más iguales u otros que son iguales»

No hay momento para el descanso, el coreano-germano no cesa de entregar, con medido cuentagotas sus análisis de la sociedad actual , en su tenaz elaboración de una verdadera ontología del presente. En esta ocasión, « La expulsión de lo distinto » ( Herder, 2017), centra su mirada en cómo la trituradora neoliberal crea una situación de proliferación de lo igual, desplazando al otro ( amigo, peligro, infierno o misterio), haciendo que en esta sociedad del cansancio, cada cual se convierta en emprendedor de sí mismo, en una competición que no se mide con otro sino con uno mismo, o con un sucedáneo de otro que al fin y a la postre funciona al modo de espejo fiel de uno mismo. El problema es grave ya que la carrera que cada cual establece consigo mismo tanto en lo laboral como en lo corporal y sus derivados no hace sino originar una tensión y angustia que no pocas veces conducen a la depresión o a los actos de auto-lesión…como enfermedades propias de la época.

En esta falta la confrontación con el otro, con el otro realmente distinto, atopos, como era considerado Sócrates por sus amigos; en una confrontación de este tipo en la que se produce una entrada chocante de la negatividad , lo que en cierto sentido originaba un intento de mejora tomando un ejemplo otro radicalmente diferente ( como la figura del idiota reivindicada por Gilles Deleuze), distinto, diferente; en estos momentos de positividad, uno mismo es su propio modelo y confrontándose a sí mismo, se halla ante sus propias insuficiencias o ante su propio vacío, lo cual provoca las disfunciones a las que acabo de aludir; es un dispositivo propio de un perfecto Narciso que en su propia contemplación se ahoga en el ensimismamiento de su propia imagen. El selfie como modelo de tratar de ocupar el vacío, recurriendo al retrato de uno mismo, con el resultado de rebote de la propia imagen que en muchas ocasiones no resulta satisfactoria…en este sistema de autorreferencialidad y desmaterialización que provoca el bombardeo de imágenes de series televisivas y otras que sirven de espejo y de difusión de los modelos standares que quienquiera que se valore debidamente ha de seguir, acoplándose a ellos.

El mecanismo que corresponde según Byung-Chul Han al presente no corresponde ya al propio del panóptico ( desde el que se puede vigilar toda nuestra actividad desde un centro) sino el del apóptico, en el que uno se vigila a sí mismo…en busca de la optimización de sus potencialidades. Reitera el filósofo que ya no estamos en la época inmunológica con la represión como mecanismo de domesticación, sino en la que cada cual se deviene su propio guardián, motivo esencial del fracaso e imposibilidad de las tendencias transformadoras en lo social y político. El cepillado neo-liberal convierte a los humanos en seres que se sienten movidos como muñecos, que responden a una mano secreta y que no responde de ninguna de las maneras a la voluntad propia.

A estas cuestiones de índole , digamos que, individual se han de sumar las expresiones colectivas que hacen que ante las vallas y otras medidas discriminatorias se dé una ampliación de la xenofobia alimentada por el miedo / odio al Otro, , de un lado, y una respuesta que se agarra a lo imaginario que unos sueñan con una patria religiosa y otros con una nación ideal e idealizada. El carácter diabólico de los mecanismos comerciales hace que lo que domine es la razón calculadora, y no la razón de la que hablase Kant, y en la que él ponía todas las esperanzas de cara al logro de un paz perpetua; precisamente a la razón va indisolublemente unida la necesaria hospitalidad que se ubica fuera de los cálculos mercantiles y monetarios, esta hospitalidad sin condiciones que exige la razón en la actualidad solo queda presente como letra, bella y muerta, de los boletines oficiales y de las proclamas buenistas de las estructuras ídem.

De gran interés resultan las distinciones que el autor establece entre identidad, autenticidad y diferencia, desbrozando el campo de minas- mejor podría decirse de falacias- de las que está sembrado el campo social y político, debido a los usos interesados, inexactos y banales de los portavoces oficiales de las instituciones, que, por otra parte, no hacen sino sembrar el miedo como medio eficaz de incrementar la productividad, miedo que al final deviene miedo a sí mismo. Del mismo modo que de neta pertinencia resultan las distinciones entre el mundo terrenal y el mundo digital, provocando este último cercanía, hasta el interior de la propia intimidad. al tiempo que aislamiento ( con una carga de hiper-información que no informa sino que satura o hace tragar, sin masticar, todo lo que se nos echa); aislamiento / alejamiento que nos encierra en una comunidad de iguales y el rechazo de los trolls que no dan al me gusta e incordian con sus comentarios intempestivos. Aislamiento igualmente con respecto al mundo de la tierra, y a sus objetos ( téngase en cuenta la etimología de la palabra objeto y su relación con objeción; obicere : arrojar contra / reprochar / recriminar) que suponen una resistencia o un obstáculo que se ha de superar, superación que supone un valor en lo que hace a vencer una prueba. Han toma apoyo en el Heideger tardío y en algunos textos del escritor Peter Handke en pos de la recuperación del mundo terreno, del mundo de los objetos.

La situación de auto-alienación y auto-odio en que la trituradora neo-liberal nos sume ha de ser superada en la medida en que tengamos en cuenta la mirada, la voz y el pensamiento de otro ( y el lenguaje distinto), desarrollando la capacidad de escucha que, se quiera o no, conlleva interpelación y respuesta ; temas a los que dedica los últimos capitulillos en los que recurre , en su apoyo, a Elías Canetti, Emmanuel Lévinas o el mismo Jean-Paul Sartre. Postura que ante «la política temporal [ que] elimina el tiempo del otro, que por sí mismo sería un tiempo improductivo…eliminando igualmente el tiempo de fiesta…que no somete a la lógica de la producción, que nos aísla y nos individualiza», propone la recuperación del « tiempo del otro [que] crea una comunidad. [ Siendo por ello] un tiempo bueno ».

Una exploración escueta y condensada, lo que es hábito en Han, que abre caminos al pensamiento y a la rumia acerca de nuestro hoy. Sucede, no obstante, ( al menos a mí), en la lectura del pensador coreano-germano que me quedo como descolocado ya que tendencialmente sí que pienso que señala con agudeza algunas características que se van implantando en la sociedad actual, lo que ya no estoy tan seguro es de que estas tendencia se den ya en acto, como él lo manifiesta. En cierto sentido es lo que me ha sucedido, y he señalado en más de una ocasión , también con Jean Baudrillard, a quien por cierto el autor cita no sin arreglar algunas cuentas con él acerca de la caracterización de la sociedad actual , ya que considera que la interpretación de la violencia de lo global como cancerígeno / carcinomatoso –propia del sociólogo francés- no responde al nuevo paradigma que es post-inmunológico en este mundo digital.

Otra cosa bien distinta es la acusación que a veces con respecto a él se sostiene, de que sus posturas van en contra de cualquier espíritu emancipador ( revolucionario, dicen), al hacer que cunda el desánimo o hasta el chapoteo nihilista…y es que el quid de la cuestión no reside en saber si sus posturas animan o desaniman los impulsos transformadores, sino si responden o no a la realidad analizada y como tal descrita….gusten los resultados o no.

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