Publicado en: 24 enero, 2015

Breve poemario anticonsumista para la reflexión y la crítica política

Por Pedro Antonio Honrubia Hurtado

1 Apariencias ¿Dónde vas disfrazado? No ves que ya todos te conocen. No ves que todos saben ya quién eres. ¿Dónde vas autoengañándote? Voy allá, allá. Donde se pierde la vista, donde el horizonte se torna escenario, donde la vida implosiona con mi disfraz, donde la realidad se vuelve espectáculo. Allí voy, sí: donde vamos […]

1 Apariencias

¿Dónde vas disfrazado?

No ves que ya todos te conocen.

No ves que todos saben ya quién eres.

¿Dónde vas autoengañándote?

Voy allá, allá. Donde se pierde la vista,

donde el horizonte se torna escenario,

donde la vida implosiona con mi disfraz,

donde la realidad se vuelve espectáculo.

Allí voy, sí: donde vamos todos.

¿Dóndes vas tú sino con tu disfraz?

2 La vida en consumista

Anoche la vi pasar.

Caminaba despacio, parecía aletargada,

como si ya estuviese dormida.

Sin ritmo, sin gracia, sin transmitir nada;

nada más que desconsuelo.

Era la vida.

Pude incluso escuchar el terrible vaivén

de su respirar ahogada entre susurros.

Buscaba y no encontraba aire puro.

Era la vida, la vida en moribundo.

También lloraba, lloraba amargamente.

¿Dónde está el alma de mis hijos? Preguntó.

¿Por qué a nadie le preocupa mi decadencia?

Era la vida, la vida sin presencia.

La noté hundida, rota por el dolor.

Quiso ponerle precio a su dignidad,

después no tuvo para pagarlo.

Era la vida, la vida anquilosada.

Arruinada.

Finalmente cayó.

Su frágil cuerpo no pudo soportar más

el peso de su sufrimiento.

Cayó redonda al suelo y calló para siempre.

Era la vida, la vida que se pierde.

Ya está muerta la vida.

La hemos matado entre todos.

Muerta por la imagen, por los estereotipos,

por las apariencias, por el consumismo.

Muerta en la anulación del ser por el tener.

Un suicidio.

Era la vida.

La vida que un día vivimos, tal vez sólo en sueños.

O Tal vez ni eso. Tal vez ya nacemos muertos.

3 Rezos postmodernos

Rezad, rezad, malditos.

Rezad hasta que vuestras gargantas escupan sangre.

Rezad como si no hubiera un mañana.

Porque no lo hay.

Todos los días son iguales.

Rezad a vuestro Dios-mercado como si os fuera

la vida en ello. Porque os la va.

Rezad a su hijo el dinero, y a su ahijada,

la propiedad privada.

Rezad cada segundo de vuestra vida, en ello os va.

Rezad, rezad, malditos.

Rezad porque su sagrada voluntad se haga

presente en la historia. Rezad por su divina

provindencia, la mano invisible.

Que nadie la ve, pero todo lo mueve.

Rezad, rezad.

Rezad y comprar.

Pues ya son sinónimos.

4 Mitos

El mejor de los sistemas posibles.

El menos malo de los sistemas conocidos.

Aquel donde todo el mundo puede, y debe,

ser feliz todo el tiempo.

Aquel donde existe libertad como nunca

antes en la historia.

Aquel donde la igualdad de oportunidades

es ley natural.

Aquel donde los patitos feos pronto

se convertirán en cisnes y donde habita un

príncipe azul para cada princesa deseosa.

El rey midas que todo lo que toca lo

convierte en oro. El de la lotería. El

de los concursos de la tele.

El de los Messi y los Cristiano Ronaldo.

Aquel donde el bueno, el feo y el malo

son todos uno y todos al mismos tiempo.

Aquel que no muta, solo fluye.

Aquel donde los sueños tienen su propio

mundo publicitario de diseño.

El de la Iliada postmoderna.

El de los metarelatos.

El que mató al logos y refundó al mito.

El del engaño masivo.

5 Objetos fetichizados, sujetos insolidarios

Tanto tienes, tanto vales.

Nada es gratis, todo tiene un precio;

Las personas como las cosas.

Todo se vende y se compra.

Todo es un objeto.

Una mercancía.

Un fetiche.

¿Quiero valer más? Compro más.

Soy lo que compro. Eso soy.

La solidaridad nada tiene

–se da entre sujetos

y no entre objetos-.

Ergo no vale.

No merece la pena, pues,

perder el tiempo en ello, ¡objeto!

6 Sacrificios

En el sagrado altar del mercado sacrificaremos

vuestras vidas.

Como los vikingos, lo haremos regocijándonos

y extasiándonos con el brote de vuestra sangre.

Sacrificaremos también la salud, la educación,

la cultura, la dependencia, la cooperación.

Nos podremos a bien con el Dios topoderoso

entregando a cambio vuestros derechos.

Lo haremos porque no nos queda otro remedio.

Porque no hacerlo sería el infierno.

Porque así nos lo exige su sagrada voluntad.

Y, además, porque queremos.

Porque solo el mercado da y tiene sentido.

Porque el mercado lo es todo.

Lo único importante. Lo primero.

Fuera de él no hay nada: solo delirio.

Sacrificios, sí. Sacrificios.

Que no es dolor sino gozo.

Que es virtud y no vicio.

Por el bien común, la bondad y el amor…

¡sacrificar a Dios-mercado a vuestros hijos!

¡Hacerlo ya!

¡Hacerlo ahora mismo!

¡Hacerlo sin pensar!

¡Cómo muestra de fe os lo exijo!

Y para siempre.

7 Ser sin ser

De su propia debilidad se alimenta ese ser,

oscuro, perdido y humillado,

que busca un nuevo amanecer

con el poder como único aliado.

Ser que resuena en el vacío,

con su mortal y trágica melodía,

buscando un nuevo renacer

lleno de ego y cobardía.

Ser que se descubre en el odio,

de sí mismo, pero volcado en el otro.

Ser de miseria, resignación y falso placer,

que nunca supo luchar por ser.

Vampiros sedientos de energía,

colmillos afilados y lengua viperina.

Veneno, veneno, veneno.

No te muerdas o estás muerto.

Malditos seres.

8 Guerra cotidiana

Tambores de guerra resuenan en el horizonte.

De guerra de clases.

Un plato vacío adorna la vitrina de un lujoso escaparate.

Curioso; pero a nadie parece importarle.

¿A nadie?

Gritos histéricos en la manifestación

de la gran plaza. Pancartas diversas.

Lemas variados. Protestas masivas.

Al poco tiempo todo olvidado.

¿Y después?

Plato lleno, escaparate nuevo.

Gatopardista. Lampedusiano.

Que cambie todo para que nada cambie.

Callan los tambores. La guerra sigue.

Hasta el fin de la historia.

9 Mi ciudad instrumental

Tecnología, ciencia y comunicaciones,

Sin Biblia, pero con dogma de fe.

Ocio, relax y drogas en cada esquina.

Sexo, violencia y miedo en tu caminar.

Televisión basura, radio chapuza, prensa

Esclava. Comida rápida en tu paladar.

Afán de dominio, competitividad, egoísmo.

Prisas por triunfar. Miradas desconfiadas

En la puerta del bar. ¡Cuidado!

Casas cerradas a cal y canto. Vecinos

Desconocidos. Autómatas corriendo de un sitio

para otro, desesperados por

llegar, un día más, a su destino.

Siempre el mismo.

Metros repletos de gente cuyas miradas se pierden

En el vacío. Grupos de jóvenes uniformados con

Afán de sentirse diferentes. Estereotipos absurdos

Marcando la diferencias. Psicólogos y psiquiatras

Escasos de personal, pero saturados de demanda

Potencial.

Cuerpos y fuerzas de seguridad ciudadana

Al servicio de la represión burguesa. Banqueros,

Escondidos en la sombras, contando su capital.

El pobre extranjero convertido en criminal.

Empresarios asesinos contratando muerte llegada

Por mar. Políticos corruptos riéndose tras el cristal.

Sindicatos subvencionados por el estado defendiendo

El orden social. La bolsa como adictivo juego de azar.

El dinero como única arma efectiva para alcanzar la

Felicidad.

La religión como excusa para sacar pasos a procesionar.

La fe transformada en aspiración personal.

Los rezos al servicio de la necesidad puntual.

La sumisión como doctrina general.

¡Ya lo decía mi mamá!; ¡Hijo mío, alégrate de haber

Nacido en este tiempo y vivir en esta ciudad!

Donde todo es racionalidad instrumental.

10 Luna de invierno

Una oscura mancha de petróleo

en el mar azul de sus pensamientos.

Agujas punzantes hurgando un hueco

en lo más profundo de su ser.

Un joven rebelde huye espantado de

su locura. Su peor pesadilla toma vida

esta noche al amparo de su poca fortuna.

Desahuciado, desempleado, desamparado.

Arrojado a la pobreza. Abandonado a su suerte.

Grita, chilla, llora… enloquece.

Todo da igual, nadie parece escucharlo.

Solitario y temeroso mira fijamente su

futuro. Lágrimas de impotencia inundan

su rostro. Busca consuelo en el cielo

desesperado. Hoy la luna no brilla como

en las noches de agosto.

*Pedro Antonio Honrubia Hurtado. Miembro del colectivo editorial de Kaosenlared.net y autor de “El reino del Dios-Mercado. Crítica a la sagrada hegemonía consumista-capitalista

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