Apuntes sobres los vientres de alquiler

Por Fran Pérez Fernández

La disputa para mercantilizar a las mujeres como productoras de bebés está a la orden del día. Por eso, conviene formarse y dotarse de un análisis exhaustivo para estar alerta ante la manipulación mediática. Este artículo pretende contribuir a ello.

Por Fran Pérez

. La historia del patriarcado es la historia de la dominación masculina sobre la mujer con fines sexuales y reproductivos (dominación vinculada al surgimiento de la propiedad privada).

· Condiciones materiales que explican este fenómeno: además del desarrollo tecnológico, los vientres de alquiler solo pueden explicarse en un contexto liberal (el mito de la libre elección) en el que las relaciones de producción se configuran de tal modo que las familias de la clase trabajadora se estructuran en forma de parejas monógamas.

· La gestación subrogada no es una decisión individual: lo que está en juego es la concepción ontológica de la mujer como categoría social y sujeto político, por lo que debe estar sometida a un análisis desde una perspectiva estructural. Dicho con otras palabras: si se legaliza una agresión a una mujer a cambio de dinero por el hecho de serlo, lo que está en juego no es la relación entre dos individuos, sino todo lo que puede llegar a hacérsele a las mujeres, como colectivo, reafirmando así la dominación masculina.

· El pago por la gestación le otorga a la misma la categoría de trabajo, y por tanto concibe la gestación como una tarea de la mujer, que no gesta para sí misma, sino como un servicio a la sociedad: mercantiliza el embarazo. “De profesión, preñada”. Esto objetiviza a la mujer y reafirma la dominación masculina en tanto que establece una nítida división sexual del trabajo: la mujer como gestadora.

· Al adquirir la gestación la categoría de trabajo, la mujer aparece, en unas relaciones de producción marcadamente capitalistas en las que se mercantiliza la gestación, desposeída (alienada) de su propio trabajo (sometida al que le paga el sueldo y, ojo, se trata de un sometimiento sexual-patriarcal), automatizando el proceso, es decir, desprovee a la mujer de lazos afectivos y emocionales con sus hijos (se hace exclusivamente por dinero).

· Los estereotipos prescriptivos del género (roles) asignan al hombre el ámbito de la esfera pública (trabajo productivo) y a la mujer el ámbito de la esfera privada (trabajo doméstico). El feminismo siempre ha luchado por la conquista de la esfera pública por parte de las mujeres: la incorporación al trabajo. La subrogación supone un paso atrás en este proceso, ya que se hace de la esfera privada un trabajo productivo. La conquista de la esfera pública por parte de las mujeres implica la transformación del imaginario de mujer, de sus funciones para con la sociedad y de su estima o autovalor: conceptos como la asociación de la inteligencia y diversas capacidades a la figura masculina se diluyen gracias a esta incorporación.

· El alquiler del vientre en tanto que se le otorga la categoría de trabajo, afecta a la clase trabajadora (y la beneficiaria es la burguesa o bien la trabajadora que goza de buenas condiciones económicas, nunca la más afectada por el capitalismo). Una mujer burguesa obtiene el sueldo a partir de la posesión de medios de producción: nunca se verá en la necesidad de alquilar su útero, ni se darán las condiciones para que lo haga. Afecta especialmente a las mujeres de clase social más baja, a aquellas que forman parte del “proletariado de reserva”, comúnmente conocido como “paro”, que carecen de otros recursos u opciones de trabajos de la esfera pública que les permitan “sentirse útiles”, una mayor autoestima. De este modo su “utilidad” se convierte en el papel biológico asignado, su potencial capacidad para engendrar hijos, cayendo en determinismo patriarcal.

· No debe pasarse por alto el imaginario o fundamento ideológico que sustenta la subrogación frente a la adopción de hijos en orfanatos: se trata de la transmisión genética de padres a hijos, ya sea porque sus genes deben ser los que perduren (al igual que el apellido, curiosamente), o por considerar que sus hijos tendrán mejores capacidades, cualidades o existirá un mayor vínculo afectivo entre ellos si poseen sus genes, en confrontación con la adopción, bien por estar la orfandad vinculada a la pobreza (clasismo) o bien, nuevamente, por determinismo biológico. Se antepone el derecho del adulto adinerado a formar una familia frente a la de los niños en adopción a encontrarla. Básicamente se trata de la búsqueda del parecido físico de los padres con los hijos: no se trata del deseo de ser padres, sino de puro narcisismo.

· En caso de que los óvulos no los aporte la pareja que solicita la maternidad subrogada, se configuran las características de los hijos a petición del solicitante (país de origen, “raza” e incluso sexo), como si de un personaje de un videojuego se tratase, en un contexto en que los estereotipos y preferencias vienen marcadas por la ideología hegemónica capitalista, acentuando así la opresión. El precio del hijo varía de hecho según el país de procedencia: se trata de un negocio “deslocalizado” clasista y racista en el que para abaratar costes van a explotar mujeres a países pobres, expoliados por el imperialismo en cuyos abusos se continúa incidiendo de este modo.

· El alquiler del vientre da pie a potenciar la explotación de la clase trabajadora. Significa, concibiéndolo estructuralmente, la creación de un grupo de mujeres cuya función es la gestación, de modo que esto puede suponer para la clase trabajadora una presión o incentivo a recurrir a este grupo de mujeres para evitar bajas de maternidad y por tanto pérdida de beneficio para el empresario: es decir, puede incentivar las amenazas de despido en caso de embarazo. Se incentiva que las mujeres tengan que decidir entre esfera pública o exclusivamente privada: o trabajan o tienen hijos (ya sea para sí mismas o para otras).

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