Antonio Campillo, cartografía el presente

Por Iñaki Urdanibia

Una recomendable obra que da cumplida cuenta de los debates filosóficos actuales en torno a lo político.

Por Iñaki Urdanibia

Si damos por buena la tarea que Antonio Campillo otorga a la filosofía: « construir mapas simbólicos para que los humanos podamos orientarnos en nuestra relación con el mundo, con nuestros semejantes y con nosotros mismos», el libro del que tomo la cita y que tengo entre manos: « Mundo, nosotros, yo. Ensayos cosmopoliéticos» ( Herder, 2018) es un logrado libro de filosofía que lleva la tarea señalada hasta los bordes de lo catastral, tomando la expresión en el primigenio sentido etimológico, katà stíchon, línea a línea.

El panorama expuesto es detallado y va acompañado de una abundante bibliografía- queda todo citado o casi- que baliza los conceptos transitados, abriendo puertas a modo de orientación de posible profundización de los temas tratados a lo largo de la obra, que son muchos y que entretejidos en red ofrecen un estado actual de las distintas teorías acera de la sociedad, y las relaciones que en ellas se establecen entre los yoes los tús y el nosotros. Si aquí aparece un relación entre tres, esta figura, del triángulo, ya asoma desde el propio título de la obra – mudo, nosotros, yo / cosmo-poli-éticos- y va a funcionar en los tres primeros ensayos del libro.

En el primero, que es que presta título al volumen, se comienza con el apoyo de Foucault , delimitando el espacio filosófico , «como un cierto tipo de práctica existencial que pretende articular entre sí tres polos inseparables: el polo de la verdad ( alétheia) como conocimiento del mundo ( kósmos) ; el de la política ( politeia) como constitución de una cierta comunidad humana ( pólis); y el de la ética ( ethiké) como modelación de la propia subjetividad ( éthos) »; así toda filosofía que se precie deberá consistir en una reflexión cosmo-poli-ética.

Partiendo de la cercanía entre los animales y el animal humano, en el plano de la biología, el Homo sapiens, supone una identidad, que se traduce en las relaciones intersubjetivas y en la constitución de un nosotros que supone una identificación frente a los otros, nosotros los humanos, que implica, se quiera o no, esa relación a tres señalada y repetida. Ante esta cuestión en la historia del pensamiento occidental se han enfrentado dos visiones: el dualismo espiritualista y el monismo materialista, a pesar de la distancia entre ellas, ambas « niegan la condición histórico-política de cada nosotros humano y la condición biográfico-ética de cada yo humano». Se enfoca a continuación las cuestiones del cuerpo vivido y las relaciones que suponen ( yo / parentesco), el entorno físico que hace que se den ciertos puntos en común al consolidarse una visión compartida con respecto al mundo. ..« entre la hominización ético-política se dio una relación de causalidad recursiva, un bucle como el de la banda de Moebius, una espiral creativa en la que fueron entrelazándose la constitución del nosotros, la configuración del yo y el conocimiento del mundo». Se subraya la importancia de los humanos como animales simbólicos, y se plantean algunas posturas que ponen el acento en el eurocentrismo que se ha producido al dar por universal, la visión europea, como que ella fuese la buena y la que se ha exportar por doquier. La euforia , no obstante, dejó de ser tan optimista ante algunos hechos históricos ( la guerra civil europea de 1914-1945) que supusieron, aunque no sé si más que suponer deberían de haber supuesto, una cierta cura de humildad. Esto tiene como respuesta las visiones que tienen en cuenta otras tradiciones y horizontes culturales. Se incide en la pluralidad de la(s) filosofía(s) y se recorren algunas concepciones distintas a la hora de situar el papel de la filosofía en relación con el campo del saber: desde el nacimiento milagroso en Grecia de la filosofía ( simplificador paso del mito al logos), la conversión posterior de la filosofía en sierva de la teología, el paso posterior a su conversión en sierva de la ciencia , convirtiéndola en mera epistemología…y ya en los tiempos iniciales del capitalismo se presentan las concepciones del positivismo de Comte, al materialismo histórico de Marx, para dar cabida posteriormente a la implantación de la filosofía de la subjetividad al rebufo del romanticismo.

Ya como conclusión del capítulo se detiene Campillo en la denominada crisis de la metafísica, provocada, o acelerada, por la guerra civil europea y por la división en dos culturas, que dio lugar a la creación de dos bloque es en el campo filosófico: los analíticos y los continentales. Se presta atención igualmente a algunos fenómenos d la actualidad como la globalización, los límites del crecimiento, y se subraya el estado de precariedad en que se halla la filosofía, al tiempo que tiene « ante sí un gran porvenir y una gran responsabilidad» y para ello ha traspasar fonteras y crear conexiones.

Si en el capítulo anterior eramos llevados a una relación triangular, en este, el segundo, tres son los conceptos que van a centrar la atención, y que tienen una destacada presencia en el pensamiento de lo político, y en torno a ellos – biopolítica, totalitarismo y globalización Campillo lleva a cabo un rastreo . Confronta las ideas de Arendt y Foucault, enrre las que halla cierta coincidencia, con las de Ágnes Heller, Ferench Fehér, Giogio Agamben, Antonio Negri, Roberto Esposito…que sirviéndose de las ideas de los anteriores han llegado conclusiones bien divergentes. Se nos da a conocer el nacimiento de tales conceptos, provocado obviamente, por algunas circunstancias históricas que han suscitado la necesidad de buscar explicaciones a los fenómenos acontecidos. Los análisis presentados son clarificadores donde los haya y ofrece una rigurosa y detallada presentación del estado del debate y de las diferentes relaciones que se estabece entre estos tres conceptos dependiendo de los diferentes autores…para exponer on posterioridad una apuesta por una futura democracia cosmopolita y ecológica.

El siguiente triángulo en liza al que se dedica el tercer capítulo, sería el formado por el nomadismo, la globalización y el cosmopolitismo. Se parte de la afirmación , confirmada por los hechos que son presentados, de que el Homo sapiens es un Homo viator y como tal se ha comportado desde el inicio de sus existencia extendiéndose desde las originarias tierras africanas al resto del planeta. Presenta las diferentes grandes migraciones que se ha dado en la historia de la humanidad, distinguiendo también entre varios tipos de nomadismo ( rotatorio, migratorio, y el desplazamiento imaginario) e incidiendo en los cruces que se dan entre ellos que no representan compartimentos estancos, aclarando a la vez que estos fenómenos no son únicamente geográficos sino que también se traducen en los terrenos simbólicos y culturales, etc., para centrarse finalmente en las tendencias actuales , presentes en el nomadismo cosmopolita y subrayar las tensiones que se dan entre la democracia sedentaria y el recién aludido cosmopolitismo.

El cuarto capítulo está dedicado a la crisis de la democracia en la era global, que se traduce en la falta de credibilidad en la democracia de partidos, el el tema de l representatividad y en la creciente desaparición de cualquier atisbo de justicia social y fiscal que ha supuesto pasos atrás en los derechos logrados en los tiempos de dominio del llamado Estado del bienestar, y los límites borrosos, o al menos no tan delimitados, en lo que hace al Estado-nación.

Por último, en el quinto, se trata de responder a la posibilidad o no de una democracia sin fronteras, cuestión que está al orden del día no solo teórico sino práctico en la medida en que la globalización no es una mera palabra sino que es una realidad de facto. Para acercarse al tema hurga en la historia de la filosofía y destaca las posturas cosmopolitas desde los estoicos hasta Kant, y tiempos posteriores. Especial atención es prestada a la paz perpetua de Kant y a las teorías sobre la política como relación amigo /enemigo de Carl Scmitt; las diferencias entre democracia directa y representativa y la limitación en el tiempo que haga que se comprenda que las democracias occidentales no son eternas ni fijas. Para concluir el repaso con la presentación de los enemigos del horizonte cosmopolita – neocons, realistas y liberales, a los que se añaden algunos neomarxistas y algunos intelectuales postcoloniales, y seis bienintencionadas consideraciones dan por finalizada la travesía que tiene entre otras virtualidades, reitero, la enorme capacidad de ligar diferentes temas y permitirse desviaciones eternas y asuntos afines, con una firme estructura que hace que el lector no sienta en ningún momento la sensación de pérdida o de fractura en el discurso al que se enfrenta.

Soy de la opinión de que nos hallamos ante una obra ciertamente interesante, que reitero, entrega un detallado panorama del pensamiento filosófico en el terreno de la política, expuesto con rigor al tiempo que con sencillez en la medida en que se va dando un encadenamiento de temas que nos conducen de unos a otros como si en un organizado juego de la oca nos hallásemos. Para el que esto escribe, tal vez el lado menos atractivo y más discutible es el dedicado a las posibles soluciones que plantea Campillo, apoyándose en distintas tendencias teóricas en liza…juzgo que ahí como es natural es el lugar para la deliberación y el debate de ideas, y naturalmente también es probo que Campillo exponga sus propuestas con vistas al futuro, más en este terreno a veces parece que entremos en el terreno de la fe, y de los buenos deseo e intenciones, muy en concreto me refiero al último capítulo en el que parece que el autor ( quizá reflejando la propia realidad del mundo) se balancea entre algunas muestras de tendencias cosmopolíticas institucionalizadas y los problemático de dar un marco global en que «la Tierra de nadie se convierta en la casa común de todos los humanos y de los demás seres vivientes »…Las ideas expuestas por Campillo dan la impresión de que el futuro posible ya está aquí, o la vuelta de la esquina lo cual me resulta poco creíble y algo iluso…a lo más algunas de estas ideas que señalan hacia un horizonte armonioso, puedan, y hasta deban, ser tomadas como ideas reguladoras kantianas ( como si)…

N.B.: Creo de justicia señalar que si al primer capítulo le he dedicado muchos más espacio que al resto no es debido a que el resto de capítulos tengan menos interés, y por ello servidor se haya desfondado, sino que se debe a una recapitulación sobre la marcha de la escritura, que me ha llevado a abandonar el primer impulso de entusiasmo explicativo, que siguiendo la espontaneidad inicial, podría llevarme a hacer un mapa, superpuesto o casi, sobre el mapa propuesto por Campillo, del mismo tipo del que elaborase los célebres cartógrafos de Jorge Luis Borges.

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