Antigua y Barbuda. Comunidades barbudenses en peligro por esquema privatizador

Por Line AlgoedLine Algoed y Antonio Carmona Báez

La gente de Barbuda no huyó: fueron obligados a abandonar la isla. Según los testimonios que recibimos, el gobierno hizo esto para impulsar el desmantelamiento del sistema de propiedad comunal de la tierra, un esquema de privatización que se había planificado mucho antes del huracán.

Mientras algunos hablan de defender ‘lo común’ (o the commons) como la tendencia del momento, otros ven sus bienes comunes históricos brutalmente destruidos. En Barbuda, la pequeña isla del estado caribeño Antigua y Barbuda, los residentes han sido dueños colectivos de sus tierras desde hace más de 150 años. Pero desde de que el huracán Irma puso la isla de rodillas en septiembre de 2017, el sistema colectivo de tenencia de la tierra está siendo amenazado por los intereses financieros y sus aliados en el gobierno laborista de Antigua y Barbuda.

“El 95% de los edificios de Barbuda fueron destruidos. Apenas es habitable. Los residentes de Barbuda huyen”, informó la BBC unos días después del paso del huracán Irma. Wikipedia, un año después, afirma que “Barbuda está vacía por primera vez en la historia moderna”. El embajador estadounidense en Antigua y Barbuda declaró en un foro de Oxfam América que “no hay una sola persona viva en la isla de Barbuda, una civilización que ha existido en esa isla por más de 300 años ahora se ha extinguido.”

Esa no es la verdad. Fuimos a visitar Barbuda en julio y participamos en su Semana de Reunión Familiar (Homecoming), un evento que dio la bienvenida a miembros de la diáspora barbudense, provenientes de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, por primera vez desde el huracán. Encontramos una comunidad viva y vibrante. Niños jugando en la plaza del pueblo, un grupo de ancianos conversando bajo un árbol africano, una gran carpa preparada para los eventos, todos vestidos con sus mejores ropas de domingo. Algunas casas no tenían techo, otras tenían techos nuevos. En algunos techos se veían personas haciendo reparaciones, mientras otros parecían nunca haber sufrido ningún daño. La isla se veía golpeada, sufrida, pero lejos de estar muerta.

“El día después del huracán, yo estaba desayunando con mi familia en el patio, cuando un policía armado vino a mi puerta para decirnos que nos teníamos que ir,” nos contó John Mussington, el director de la escuela secundaria. Hablamos con él bajo la carpa de actividades, luego de un culto ecumenico de Acción de Gracias en el que todas las iglesias participaron para celebrar la unidad del pueblo. “Imagínate cómo se siente escuchar por radio que dieron por vencida a tu isla, mientras que lo único que quieres hacer es comenzar a reconstruir”.

La gente de Barbuda no huyó: fueron obligados a abandonar la isla. Según los testimonios que recibimos, el gobierno hizo esto para impulsar el desmantelamiento del sistema de propiedad comunal de la tierra, un esquema de privatización que se había planificado mucho antes del huracán. Solo hacía falta algún evento catastrófico como pretexto para hacerlo.

La propiedad comunal sobre la tierra en Barbuda no es un sistema único en el mundo: más del 50% de la superficie del planeta está colectivamente en manos de pueblos indígenas o comunidades locales. En la región del Caribe, comunidades afrodescendientes mantienen hasta 100.000 hectáreas de tierra bajo tenencia consuetudinaria, aunque solo alrededor del 2 por ciento de estas tierras han sido formalmente tituladas.

No obstante, ningún otro lugar posee una isla entera en común, lo cual hace que Barbuda sea excepcional. Por eso el panorama natural de la isla no se ve tan afectado por el desarrollo turístico como en otras islas caribeñas.

El sistema de tenencia comunal de la tierra de Barbuda fue implementado por personas que habían sido esclavizadas en África y traídas a la isla por la familia británica Codrington. Gran Bretaña colonizó Barbuda en 1666 y la familia Codrington arrendó la isla de la Corona británica, usándola para cultivar y almacenar provisiones para sus plantaciones en la vecina isla de Antigua.

Barbuda en sí era demasiado seca para la típica agricultura de plantación, por lo cual la gente esclavizada vivía allí en relativa libertad, en comparación con el resto del Caribe. Debido a su aislamiento, pudieron preservar las tradiciones africanas de uso compartido de la tierra. Cultivaron su propia comida a través de la rotación de los terrenos de provisión, teniendo en cuenta la tierra y las condiciones climáticas. Poseer la tierra y cultivarla de forma individual no era viable para la supervivencia de la comunidad, como tampoco lo es hoy día.

Después de la abolición de la esclavitud en todo el imperio británico en 1834, la población barbudense comenzó a reclamar sus derechos sobre la tierra frente a la corona. Cuando el arrendamiento de la familia Codrington venció en 1870, varios otros hombres británicos arrendaron la tierra. Algunos trataron de cobrarle alquiler a la población, pero esta se resistía. “La gente de Barbuda ocupa nuestras tierras sin nuestra autoridad y se niegan en lo absoluto a reconocer nuestros derechos o autoridad, y ni siquiera pagan la tarifa nominal de cinco chelines o menos que les pedimos”, documentó uno de los arrendatarios.[1] Eventualmente, tras muchos años de lucha, el pueblo de Barbuda fue reconocido oficialmente como inquilino de la corona en 1901.

En el 1967 Antigua se convirtió en un estado asociado dentro del Commonwealth de Gran Bretaña, y Barbuda se convirtió en una dependencia de Antigua. Esto también fue recibido con gran resistencia por parte del pueblo de Barbuda. Sabían que se les impondría el sistema de propiedad privada de la tierra que predomina en Antigua, lo cual les obligaría a cambiar su forma de vida, haciendo a sus tierras vulnerables a la apropiación y provocando el desplazamiento poblacional. Barbuda también se opuso a la independencia de Antigua y Barbuda en 1981, ya que (irónicamente) su sistema comunal de tenencia sobre la tierra sería mejor protegido bajo Gran Bretaña que como parte de Antigua.

El período que siguió a la independencia de Antigua y Barbuda dejó su huella ecológica. Como platea Frank Asha en un estudio histórico reciente, “Si bien Antigua fue sistemáticamente explotada por el colonialismo británico, esto no fue nada en comparación con la forma en que Antigua explotó a Barbuda”.[2] El gobierno del Partido Laborista en Antigua comenzó a arrendar las tierras de Barbuda sin consultar al Consejo de Barbuda, que se formó bajo la Ley del Gobierno Local y permitía a Barbuda administrar sus propios asuntos. El gobierno de Antigua autorizó a que compañías privadas comenzaran a extraer arena de las prístinas playas de Barbuda para embellecer centros turísticos en otras islas del Caribe, Ministros del propio gobierno de Antigua fueron los principales accionistas de esas compañías. La extracción de arena deterioró parte de la costa de Barbuda, lo que provocó la inundación de las plantaciones de coco con agua salada luego del paso de Irma.

El gobierno también otorgó arriendos a promotores inmobiliarios para construir complejos turísticos en playas que estaban protegidas por su valor ecológico e inviabilidad para el desarrollo económico. Uno de esos hoteles, construido sobre un banco de arena, colapsó por completo en el huracán.

Cuando un nuevo gobierno llegó al poder en 2004, finalmente se reconoció la importancia de la tierra común en Barbuda, y en 2007 entró en vigor la Ley de Tierras de Barbuda, después de un período de amplias consultas con la población. La ley confirmó “que toda la tierra en Barbuda es propiedad común del pueblo de Barbuda, para proporcionar la administración y el control del desarrollo de la tierra en Barbuda, para estipular la confirmación o no de ciertos arrendamientos de tierras en Barbuda”. Cada persona en Barbuda que pueda probar su descendencia familiar en la isla tiene el derecho inalienable a tres parcelas de tierra: un derecho perpetuo a una parcela para uso residencial y un arrendamiento de 99 años sobre una parcela para uso agrícola y una con fines comerciales limitados. Esta ley le dio a la gente de Barbuda, temporalmente, la tranquilidad de que su tierra estaba protegida contra el acaparamiento.

No obstante, en el 2014 el Partido Laborista volvió al poder en el gobierno de Antigua y Barbuda, con Gaston Browne como Primer Ministro. Éste hizo campaña prometiendo convertir a Barbuda ‘el granero de Antigua,’ y empezó a desmantelar la Ley de Tierras a través de la llamada ‘Ley de Paradise Found‘. Dicha ley anuló la Ley de Tierras de Barbuda para el terreno en el que el actor estadounidense Robert De Niro tenía planes de construir un lujoso complejo turístico. En la prensa internacional, De Niro fue presentado como un ‘héroe climático,’ ayudando a la gente de Barbuda luego de Irma. Eso no es exactamente cierto.

El primer ministro utilizó la angustia causada por el huracán, y el momento en que la población fue obligada a dejar la isla, como una oportunidad para enmendar la Ley de Tierras de Barbuda. Dicha enmienda elimina los derechos comunales sobre la tierra, permitiendo su privatización. Las parcelas serán vendidas a sus poseedores actuales por $1 USD cada una.

Para muchos habitantes de Barbuda esta situación es similar a los tiempos coloniales, cuando se les alquilaba la tierra por cinco chelines. “Cuando posees algo y alguien te dice que ahora te lo venderá, ¡¿Cuán ofensivo es eso?!”, se pregunta Mussington. Todas las personas con quienes hablamos en Barbuda se oponen a las enmiendas a la Ley de Tierras. Incluso los niños saben que la verdadera intención de la privatización es abrirle paso al acaparamiento.

Pero Barbuda no puede apelar estas enmiendas hasta que se publiquen oficialmente. Garden Court Chambers ­–un bufete de abogados de alto perfil establecido en Londres­­– está defendiendo el caso del pueblo de Barbuda contra su gobierno. Muchos confían en que ganarán este caso, pues no se respetaron las disposiciones de la Ley de Tierras, que establecen que no se pueden hacer cambios sin el consentimiento del pueblo de Barbuda.

Browne describió el sistema de propiedad comunal de la tierra en Barbuda como algo “sentimental”; “un mito,” afirmando que la tierra es ocupada ilegalmente. Según él, el “inmenso potencial” de Barbuda solo puede liberarse si la tierra se privatiza. En su esquema ideológico, sólo la tenencia absoluta de la propiedad, que supuestamente convierte los activos de la tierra en capital para ser utilizado como garantía para préstamos bancarios, puede ayudar a reconstruir Barbuda. El mismo argumento se usa mucho en América Latina para privatizar tierras públicas en asentamientos informales. Según este punto de vista, la propiedad mantenida informalmente y no legalmente reconocida es capital muerto, lo que disminuye el valor del activo.

¿Pero qué significado puede tener el concepto de “propiedad” si después de 184 años de vivir y proteger la tierra a través de contratos de arrendamiento, tenencia consuetudinaria y una Ley de Tierras, el pueblo de Barbuda todavía no es visto como su legítimo propietario?

La gente de Barbuda saben que si no poseyeran la tierra colectivamente, terminaría en manos de los bancos. Al igual que sucede actualmente en muchos otros lugares, no existirían suficientes empleos bien pagados para comenzar a pagar hipotecas. Ellos saben que resultaría en un desplazamiento poblacional como se ocurre en otras islas de la región.

En Barbuda son muy conscientes de esto. “¡No vamos a servir a hombres ricos como sus esclavos contratados, nunca jamás!”, exclamó Diann Jeffers, una de las organizadores de la Semana de Bienvenida, ante la clara aprobación del público presente. La gente de Barbuda ha sido etiquetada como pobres, primitivos y subdesarrollados. Browne incluso les llamó “imbéciles desarraigados”.

Sin embargo ejemplos recientes en diversas partes del mundo sobre el retorno a la propiedad comunal de tierras a través de cooperativas de tierras o fideicomisos de tierras comunitarias ­–como instrumentos para contrarrestar desplazamientos y asegurar la asequibilidad permanente de la vivienda en mercados hostiles­– están profundamente enraizados en las ideas y los conceptos preservados con éxito por la población de Barbuda.

En Puerto Rico existe el Fideicomiso de Tierra del Caño Martín Peña en Puerto Rico. Es el primer ejemplo de un fideicomiso comunitario de la tierra (Community Land Trust) en América Latina y el Caribe, que protege la tierra de siete de las comunidades más vulnerables en Puerto Rico y combate su marginalización estructural.

En Barbuda nadie pasa hambre, y no hay gente sin hogar. Nadie es financieramente rico, pero nadie está endeudado tampoco. “Soy el hombre más rico del mundo, ¡soy dueño de todo esto!”, exclama el pescador Devon Warner al llevarnos en un recorrido en barco por algunas de las playas más inmaculadas del mundo.

Si el Gobierno de Antigua y Barbuda logra privatizar la tenencia de la tierra, ¿Pudiera la gente de Barbuda transferir sus tierras a un fideicomiso comunitario, gobernado colectivamente por el pueblo? Podría ser una opción para mantener el mismo sistema de gobernanza de la tierra que ha sido efectivo en controlar el desarrollo y prevenir desplazamientos.

Cuando visitamos la isla en verano, casi la mitad de la población de Barbuda, alrededor de 950 personas, ya habían regresado al país. Las escuelas reabrieron. La escuela secundaria ha retomado los proyectos de ciencias que están orientados a la seguridad alimentaria: construir jardines verticales, instalar paneles solares, clonar plantas, cultivar peces. La soberanía alimentaria es el núcleo de la autodeterminación de un pueblo. Cada joven en Barbuda sabe cómo pescar, cómo cultivar alimentos y cómo encender un fuego.

El pueblo de Barbuda, además, enfrenta luchas legales contra la decisión del gobierno de construir un aeropuerto internacional en la isla. Varias tierras boscosas vírgenes, que se extienden desde el oeste hasta el este insular, han sido despejadas. Mientras, el gobierno también quiere tomar el control de las pesquerías de Barbuda, quitándoles a la población el control sobre una actividad económica central. E ignorando las zonas de no pesca destinadas a conservar las poblaciones de peces y los hábitats que las sustentan.

Es impresionante la cantidad de amenazas a la vida comunitaria que el pueblo de Barbuda ha podido soportar; el huracán Irma y el capitalismo de desastre que le siguió son solo capítulos recientes de su historia.

La propiedad comunal de la tierra ha permitido a los residentes de Barbuda mantener un modelo de desarrollo radicalmente diferente a las otras islas del Caribe, con estricto control comunitario sobre el desarrollo y la protección de los recursos naturales, mientras se fortalecen para enfrentar el cambio climático.

¿Por qué imponer un sistema privatizado de tenencia de la tierra, que sabemos fomenta el desarrollo descontrolado, al poner la tierra en el mercado, desplazando a la población y destruyendo el mundo natural del que todos dependemos? Si vamos a sobrevivir como especie, debemos hablar más entre nosotros y defender a quienes a su vez defienden los recursos de nuestro planeta, sin importar cuán pequeño sea un lugar.

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[1] Frank, Asha. 2017. Dreamland Barbuda: The Land Belongs to the People. A Study of the History and Development of Communal Land Ownership on the Island. St John’s: Signs and Impressions

[2] Frank, Asha. 2017. Dreamland Barbuda: The Land Belongs to the People. A Study of the History and Development of Communal Land Ownership on the Island. St John’s: Signs and Impressions

 

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https://www.80grados.net/tierras-comunales-de-los-barbudenses-en-peligro-por-esquema-privatizador/?

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