Acuerdo de París: Luces y Sombras para un “estado de emergencia climática”

Por ECOAR)))

Desde París se construyen nuevas vías de empoderamiento popular, se tejen redes de acción global y se abandona la “dependencia” de la clase dirigente en muchos campos. París supone además la convergencia de millares de organizaciones y liga de manera casi vertebral el problema climático con el modelo social, político y económico.

“La lucha es como un círculo, se puede comenzar en cualquier punto, pero nunca finaliza”. Subcomandante Marcos.

El pasado día 12 se produjo un punto de inflexión en el tratamiento y en el enfoque del problema del Cambio Climático que abre nuevas vías a la hora de abordar la cuestión. París fue un escenario de luces y sombras, si bien quedó claro que las corporaciones económicas y la clase dirigente apuestan por un modelo diametralmente opuesto a la solución que, cada día está más claro, que pasa por un cambio de modelo social, político y económico.

El Acuerdo de París contra el Cambio Climático fue positivo en cuanto a que es el primer acuerdo que firman la práctica totalidad de los países del mundo (196) que reconoce el Cambio Climático como problema mundial.

El Acuerdo de París es positivo teniendo en cuenta que se decidió atender a los argumentos de la comunidad científica y las partes firmantes se comprometieron a hacer efectiva una mitigación de la emisión de Gases de Efecto Invernadero que permita mantener el aumento de la temperatura por debajo de 2ºC, teniendo como meta facilitar que esta no sobrepase los 1,5ºC respecto a los niveles preindustriales. Sin embargo no debemos olvidar que el límite de 1,5 ºC implica, en la práctica, conseguir las cero emisiones netas para todas las emisiones alrededor de 2060-2080. Esto debería significar el abandono definitivo de los combustibles fósiles para 2050.

Se establece también un mecanismo por el cual todos los países tendrán el deber de mejorar sus compromisos de reducción de emisiones cada 5 años a partir de 2020 (año en el que entrará en vigor este Acuerdo), así como el deber para todos los países de comunicar regularmente sus inventarios de emisiones y captura de GEI, mejorando la transparencia del proceso y estableciéndose unos espacios mínimos que permitirán hacer evaluación, presión y rendición de cuentas a cada una de las partes sobre su situación.

París fue una experiencia positiva en cuanto a que la ciudadanía a pesar del “estado de excepción” ejerció sus derechos durante toda la cumbre (con más de 700 acciones por las calles y más de 400 eventos) y no se dejó vencer por la política de presión y miedo realizada por el Gobierno francés, a través de detenciones, registros, identificaciones y prohibiciones.

Pero también es cierto que el Acuerdo de París es un acuerdo que queda muy lejos de las demandas ciudadanas. Aunque tiene carácter de tratado y, por lo tanto, es legalmente vinculante, las partes claves para poder desarrollarlo no cuentan con esta consideración. Ni los objetivos nacionales (INDC) ni los compromisos de financiación tienen carácter vinculante, así que en la práctica es imposible conseguir los objetivos marcados.

En la parte de la financiación, se reconoce la responsabilidad en el cambio climático de los países enriquecidos, estableciendo 100.000 millones de dólares anuales para ayudar a los países empobrecidos a adaptarse tecnológicamente y a mitigar los efectos de Gases de Efecto Invernadero, pero como no tienen carácter vinculante, no existen mecanismos que controlen de ninguna forma a quien no cumpla con los compromisos conseguidos.

Si bien por lo acordado la única manera que habría de conseguir los objetivos marcados implican el abandono de las energías fósiles para 2050, el texto dejó totalmente fuera la mención expresa a esta cuestión (de seguir con las tasas actuales de consumo en el año 2050 superaríamos los 3ºC).

Los pueblos indígenas aparecen mencionados en el Preámbulo y en la Sección de Adaptación del Acuerdo pero en la práctica no se les da la protección que merecen, sobre todo teniendo en cuenta que la conservación de la masa forestal es clave para conseguir las metas marcadas de 1,5ªC.

Además de estas, cuestiones tan importantes como la justicia climática, la necesidad de cambio del sistema económico o el enfoque de género, quedaron excluidos del Acuerdo, contrastando con la visibilización de las mismas que hubo por parte de la sociedad civil a lo largo de toda la cumbre.

Para ECOAR))) lo sucedido en París marca un primer paso para el enfoque de la problemática del Cambio Climático. El encuentro de París nació para la ciudadanía y las organizaciones como un punto de inicio y no como el punto final como había sucedido en Copenhague en 2009, por lo que se abandonan los enfoques de pesimismo y derrota con las que había finalizado aquella cumbre. Desde París se construyen nuevas vías de empoderamiento popular, se tejen redes de acción global y se abandona la “dependencia” de la clase dirigente en muchos campos. París supone además la convergencia de millares de organizaciones y liga de manera casi vertebral el problema climático con el modelo social, político y económico. Sólo si abandonamos el sistema neoliberal actual y, por lo tanto, nuestro modelo de producción y consumo, seremos quien de hacer frente a la problemática del clima. Debemos seguir organizándonos y movilizándonos, para continuar presionando a las estructuras de poder mientras generamos y construimos alternativas y respuesta social. Debemos concienciarnos que solo teniendo un rol activo podemos conseguir contrastar toda esa maquinaria de lobbies e intereses de las corporaciones trasnacionales. París marca tan sólo un pequeño punto de incio de una compleja lucha que abarca todo el sistema. Otro mundo es posible y necesario!!

“Si no hacemos nada, nadie lo hará en nuestro lugar”.

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http://clima21.ecoarglobal.org/2015/12/15/acordo-de-paris-luces-e-sombras-para-un-estado-de-emerxencia-climatica/

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