Acerca de la impostura religiosa

Por Iñaki Urdanibia

Travesía por la presencia de la religión en la historia, y por las críticas en el campo de la historia de las ideas.

Por Iñaki Urdanibia

Leo en Le Monde del viernes pasado, 29 de diciembre, un jugoso artículo de opinión ( Dire que “la société n´est pas laïque” est une formule illégitime ) firmado por Yvon Quiniou , escrito que es una crítica a unas timoratas declaraciones del timorato président de la République, Emmanuel Macron, recordándole que a pesar de que éste se diga habitado por la trascendencia, no estaría de más que el , que se reivindica copmo alumno del filósofo protestante Paul Ricoeur, tuviera en cuenta « el diagnóstico crítico que todos los grandes pensadores han podido hacer de la religión: Spinoza, Hume, Kant, Rousseau [ para sumar a la lista líneas más abajo a] Feuerbach, Marx, Nietzsche, y Freud…quienes han denunciado los efectos desastrosos [ de la religión] en la vida de los hombres ».

Pues bien, tras leer el artículo y ver lo certero de su enfoque, me suena el nombre de su autor, y buscando en el desorden proverbial de mi biblioteca ( casi podría decirse “almacén de libros”) hallo una obra suya, algo pintarrajeada con el correspondiente lápiz rojo-azul JANUS: « Critique de la religión. Une imposture morale, intellectuelle et politique » ( La ville brûle, 2014); el título habla claro y las páginas resultan justas, amén de combativas. Alguien puede preguntarse: ¿ otro libro sobre la religión? , como si tal asunto debería estar ya clausurado tras las medidas críticas habidas a lo largo de la historia, y lo que te rondaré…No obstante, la pertinencia de la obra ( y por añadidura de tal tipo de obras críticas) siguen pareciendo necesarias en la medida en que la lucha ideológica continua y ha de continuar en la vía de emancipación de los humanos, en la creciente autonomía de éstos frente a las imposiciones de diferentes heteronomías ( religiosas, políticas, etc.), posicionándose tras la bandera ilustrada del sapere aude ! kantiano. Más oportuno resulta todavía si se da por buena aquella profecía del gesticulante André Malraux de que el siglo XXI sería religioso o no sería, y aun sin aceptar dicha afirmación, no cabe duda de que ciertas tendencias que se reclaman de la religión dejan notar su presencia en la actualidad, tanto con las armas en la mano como por medio de la presión con el fin de modificar o condicionar textos legales en la civilizada Europa. amén de que en estos tiempos nuestra sociedad es un insulso villancico a toda pastilla; sin olvidarse de otras expresiones como Yaveh otorgando licencia par matar en su nombre a sus elegidos – hasta éticamente seguidores, a sus vecinos palestinos. Al igual . aparecen formas blandas de religión laica debidas a convertidos que a pesar de sus supuestos agnosticismos o ateísmos, no hacen sino camuflar el discurso bondadoso del cristianismo: ahí están, los Marina -por acá- y los Gianni Vattimo, Richard Rorty, Alain Finkielkraut, André Comte-Sponville, Luc Ferry, Maurice Gauchet, y…hasta el antiguo compañero de armas del Che, Régis Debray, por allá.

Hablaba Gilles Deleuze, en un delicado ensayo dedicado a Verdi y Châtelet, de un ateísmo tranquilo, apropiado para los tiempos posteriores a la muerte de Dios, proclamada por Nietzsche. La postura propuesta por el autor nómada y rizomático, era como de cierto desentendimiento con respecto a la cuestión religiosa, por ya superada; como señalo la realidad es terca, y los acontecimientos han derivado hacia reafirmaciones teológicas sin cuento, lo que hace necesario el combate ideológico. La propuesta de Quiniou es la de que se han de crear unos lazos de convivencia entre los humanos, dejando las creencias en el plano privado, proponiendo que se pongan en pie tomando como base la razón, ajena a cualquier supuesto más allá que de hecho castra el más acá, el plano de inmanencia en el que habitamos, y así su ateísmo es tenaz, persistente y razonado sin llegar al punto de intranquilidad del de Michel Onfray en Tratado de ateología ; reduce Quiniou el ateísmo al ámbito privado ( es decir, que en su vida no tiene presencia), más allá de todo dogmatismo, ciñéndose a analizar las cuestiones relacionadas con el fenómeno religioso, coincidiendo con la afirmación feuerbachiana de que no es dios quien creó al hombre sino que a la inversa fue el hombre quien creó a dios. .Así, el filósofo se mueve guiado por el espíritu de las Luces y por la senda de los antes nombrados en la labor de desvelar las falaces creencias que se ocultan tras la Verdad que venden los impostores de turno.

Si algunas de las preguntas metafísicas acerca del origen, sobre la finalidad de lo que podemos esperar o sobre la hipótesis de un ser creador, preocupan al pensador, lo hace partiendo de la imposibilidad de dilucidar – como bien señalaba Kant en su Crítica de la razón pura– este tipo de cuestiones en el orden del saber y el conocimiento . No se priva la crítica tampoco, como no podía ser de otro modo, de desenmascarar la habitual falacia de que la religión sirve para unir a los humanos, cuando el plural es el que domina en este asunto: las religiones, que no pocas veces enfrentan a los fieles de una contra los de otras…basta revisar someramente la historia para ver la religión como fachada de diferentes intereses geopolíticos y económicos que provocan enfrentamientos y guerras; en este orden de cosas se han dado identificaciones de la religión con la muerte o con la negación de los valores de la vida ( Nietzsche) – aunque se vistan bajo la etiqueta de “pro-vida” como lo hacen los anti-bortistas- o como elemento adormecedor de la conciencia social ( Marx)…es la promesa de un más allá en el que realmente se juega la suerte definitiva, siendo el más acá un mero tránsito, aseveración que no lleva más que al control de las costumbres, en lucha permanente contra el vicio y el pecado. Esta función de vigilancia habitualmente ha solido ir unida, como soporte, a regímenes reaccionarios o fascistas y como muestras ahí están los casos de Mussolini, Franco o Pinochet; se permite el autor de la obra establecer cierta jerarquía entre las diferentes religiones o corrientes espirituales, usando como baremo la cercanía o lejanía de sus diferentes expresiones con respecto a los valores de la razón humana ( postura que deja ver ciertos aires de familia con los postulados de la “religión natural” tan cara a los ilustrados).

No faltan tampoco el subrayado de los determinantes que suponen los condicionamientos geográficos y/o culturales que hacen que unos profesen una creencia determinada en vez de otras, haciendo que su fe, en lo verdadero según su visión, le haga despreciar la fe de otros, o las formas de saber relacionadas con la ciencia y lo empírico, pues la aceptación de esto último pondría en solfa no pocas verdades dogmáticas en que se sostienen las creencias religiosas: creencias no certezas, fe versus realidad y demostración o contraste entre teorías; no hay conjeturas sino fe revelada en textos sagrados. Las diferencias entre religiones que mentaba también se dan en la aceptación de la ciencia, aunque solamente de algunas de ellas, como es el caso del islam, bajo cuyo dominio se desarrollaron las matemáticas, la astronomía y el estudio de la naturaleza…aceptación que quedaba limitada por la barrera de los seres vivos, y entre ellos de manera muy especial los seres humanos, terreno en el que la libertad de investigación quedaba absolutamente marginada – por no decir con mayor exactitud, prohibida- ya que si se diese una aceptación, por ejemplo, de las teorías científicas de Darwin, y la familiaridad que ellas establecen entre los humanos y los animales, se daría una negación de la letra de los texto supuestamente sagrados, de ahí la negación pura y dura ( ya que contradice el Corán) o la aceptación a regañadientes o con diferentes máscaras disimuladoras ( como el “diseño inteligente”) que traten de aminorar las distancias entre la ciencia y la religión, entre Darwin y la Biblia…

No carecen de puntería sus dardos contra los camuflajes de algunos intelectuales mediáticos flous – algunos de cuyos nombres he trascrito antes- a los que se les llena la boca con el término “espiritu” como si quisieran rescatarlo del vocabulario religioso para adecuarlo al pensamiento laico, juego malabar que deja ver como las palabras no son inocentes sino que expresan, vellis nolis, ciertas ideas subyacentes, que son las heredadas de la religión y aunque la mona se vista de…se queda tal cual. Existen expresiones más adecuadas para referirse a los valores de la imaginación y la creatividad de los humanos sin tener que recurrir de las heredadas de las religiones.

Estamos ante una obra bien argumentada que avanza paso a paso sin recurrir a las descalificaciones sumarias, y que desbroza el camino tanto en lo que hace a los creyentes declarados como a los disimulados, y para ello ojea la historia y el papel que en ella han jugado las religiones, del mismo modo que se detiene – como ya ha quedado señalado líneas más arriba- en la función de policía de costumbres que ha jugado cimentando los valores de los sectores más retrógrados de los ámbitos sociales y políticos ( y por supuesto, morales). Explora igualmente la historia del pensamiento, en especial por el lado de las críticas de la religión : Spinoza y la humanidad del inventor divino y su papel político, Hume y su concepción acerca de la religión natural o Kant en su estudio del fenómeno dentro de los límites de la razón y las lecciones que se pueden /deben extraer de los autores ilustrados. Se completa la visita con una rigurosa exposición de las posturas de Feuerbach y su huella en Marx y la alienación, de Nietzsche y su críticas desde el vitalismo, de Freud y sus variaciones en los bordes del porvenir de una ilusión…aprovechando dichas enseñanzas en el camino hacia la emancipación de los humanos ( que ni en dioses, reyes, ni tribunos…). Este cabal y sobresaliente recorrido tiene un mérito añadido y es que Quiniou evita cerrar filas en torno a sus ideas marxistas – y lo digo por su currículum de ex-miembro del PCF y editor de una brillante revista de tal orientación, Actuel Marx -, moviéndose por el terreno de la reflexión abierta y alejada de cualquier catecismo o vulgata , terreno por el que nos conduce de manera razonada y dosificada.

Certera aproximación a una crítica cabal y equilibrada en estos tiempos en que cierto buenismo. , teñido de supuesta tolerancia, evita cualquier labor deconstructora como si ésta supusiese algo intempestivo y carente de gusto…demostrando que se puede respetar las creencias personales de cada cual al tiempo que se pueden afear los permanentes intentos por invadir la esfera pública con principios morales, del mismo modo que resulta cabal , en el camino de la emancipación humana, combatir la ilusión religiosa….lo contrario desemboca en un melifluo todo vale que de hecho es mantener que nada vale, o que vale solo lo que defienda quien tiene más poder, más altavoces, etc., etc., etc., y sabido es que quien más puede…

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