A quemarropa

Por Jose Luis Merino

La violencia siempre es gratuita: historias entremezcladas

Por Jose Luis Merino

El hecho sucedió en Bilbao, recién acabada la guerra civil española. A pocos pasos de la Ría bilbaína, en el número 4 de la calle Epalza.

Le descerrajó tres tiros a quemarropa. Un capitán de la Guardia Civil. El muerto, un legionario raso, desarmado.

Cuando se cruzaron ambos militares, el de menor graduación pasó sin saludarle. El capitán le llamó la atención, instándole a que lo saludara. El legionario se negó. Alguien les oyó discutir. En ese instante se acabó la existencia para uno de ellos…

La noticia sobresaltó al vecindario. Los primeros en acercarse al lugar señalado fueron los chavales del barrio.

Allí estaba el primer muerto por arma de fuego que veíamos en nuestras cortas vidas. El legionario yacía en el suelo, empapado de sangre.

A partir de ese momento, fueron muchas las idas y venidas de los mandos de la Legión. Se dirigían al cuartel de la Guardia Civil de La Salve (no lejos del lugar del crimen). La mayoría de ellos llevaban sus dilatados pechos plagados de condecoraciones. Iban dispuestos a pedir explicaciones de aquella muerte incomprensible. Defendían a uno de los suyos.

Nunca supimos cómo terminó aquel sonado acontecimiento. Lo único seguro fue que la sangre del legionario muerto desapareció tras dos días seguidos de fuertes lluvias.

[Muchos años más tarde y en la misma calle, dos individuos se vieron enzarzados en una disputa callejera. Uno de ellos cerró la discusión llamándole negro de mierda al otro. La réplica fue contundente: “sí, como Mandela… y tú, blanco, como Hitler, Mussolini y Franco”]

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