8M Por la huelga general feminista. La clase trabajadora contra la opresión patriarcal

Por Tomás Martínez Peña

Nuestra propuesta para el 8M es que el conjunto de la clase trabajadora, con las mujeres a la cabeza, paren la producción y se movilicen en sus centros de estudio y trabajo contra la opresión de la mujer en todas las esferas, la única manera de acabar con el sistema capitalista

Por Tomás Martínez Peña

8 de marzo, día de la mujer trabajadora

108 años después de que en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas se decidiera establecer el 8M como el día internacional de la mujer trabajadora, para recordar las huelgas de obreras textiles en diversas ciudades de los EEUU, volvemos a salir a las calles un año más a reivindicar, precisamente, el papel de la mujer trabajadora en la lucha de clases. Reivindicaciones como el derecho al voto, permiso por embarazo, derecho al aborto, a la igualdad social y salarial, al divorcio y un largo etc. han sido peleadas por la clase obrera de todos los países ya que la burguesía no quería aceptar estos derechos. El 8M es un día histórico no sólo para las mujeres, sino para todo el conjunto de la clase trabajadora porque fueron las obreras de San Petersburgo quienes comenzaron la Revolución Rusa en 1917 con manifestaciones contra la guerra, el hambre y la miseria.

¿Huelga de mujeres o huelga general feminista?

 

Para este 2018 se ha convocado a nivel internacional una huelga feminista que aquí en el estado español secundan diferentes organizaciones feministas, apoyada por organizaciones sindicales como CGT o los STES a las que han tenido que sumarse finalmente, aunque sólo sea mediante paros de 2 horas, CCOO y UGT. Consideramos positivo este hecho ya que traslada tanto a las organizaciones tradicionales del movimiento obrero como a los propios centros de trabajo la cuestión de la opresión a la mujer trabajadora.

 

Sin embargo, también creemos necesario señalar las limitaciones que conlleva la idea del enfoque de una parte del movimiento feminista de una huelga sólo de mujeres en la que el conjunto de la clase trabajadora no es parte activa ni se implica en la construcción de la misma, en las tomas de decisiones. Pensamos firmemente que la lucha contra la opresión de las mujeres debe ser una lucha que asuma el conjunto de la clase trabajadora así como sus organizaciones. Esta orientación parte de la premisa de que la opresión patriarcal es independiente a la dinámica de la lucha de clases, y que actúa de forma independiente al sistema capitalista. Esto significa obviar los intereses económicos que existieron, y existen, detrás de la mayor explotación de la mujer trabajadora por parte de los capitalistas, así como plantear que las mujeres son una masa homogénea sin intereses antagónicos entre la mujer trabajadora y la hija de Botín o la de Amancio Ortega, por ejemplo.

 

Nuestro análisis es diferente. El patriarcado, aun siendo anterior al sistema capitalista, con unas raíces muy profundas en la cultura y tradición de las clases populares, ha entrelazado su existencia a las condiciones materiales que el desarrollo del capitalismo ha creado para ampliar la dominación y beneficios de la burguesía. Por eso es imposible alcanzar la igualdad de sexos y acabar con la construcción de género sin derrotar al sistema que sostiene la existencia del patriarcado. Por eso buscar la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente, sin atacar la base económica ni señalar las diferencias de objetivos entre las mujeres de diferentes clases sociales, impedirá lograr una igualdad real.

 

Por tanto, aunque tenemos que emprender una lucha específica contra el patriarcado, empujando permanentemente para que las reivindicaciones propias de las mujeres estén presentes en las diferentes movilizaciones de la clase obrera y de la juventud, éstas no se podrán ver colmadas sin derribar las relaciones de producción que las producen ni sin generar unas nuevas, basadas en las necesidades humanas y no en la lógica del beneficio a toda costa. Y solo el conjunto de la clase trabajadora es capaz de lograr este objetivo por el lugar que ocupa en la producción capitalista, sea hombre o mujer.

 

La clase trabajadora, el sujeto de cambio para acabar con el patriarcado

 

Nuestra propuesta para el próximo 8 de marzo es que el conjunto de la clase trabajadora, con las mujeres a la cabeza, paren la producción y se movilicen en sus centros de estudio y trabajo contra la opresión de la mujer en todas las esferas. El objetivo debe ser demostrar que no es posible la emancipación social sin acabar con la opresión de las mujeres. Para ello, hay que levantar una serie de reivindicaciones que una aquellas específicas de las mujeres con las exigencias de toda su clase social. De esta forma, evitaríamos el error de focalizar la lucha de las mujeres como una responsabilidad exclusivamente de éstas, que genere una tendencia de aislamiento y por tanto, una mayor debilidad a la hora de ganar estas exigencias.

 

Sin embargo, no es suficiente que este día las mujeres estén a la cabeza de las movilizaciones si no somos capaces, desde las organizaciones del movimiento obrero y de la extrema izquierda, de asegurar que este papel fundamental en la lucha no es cosa de un único día al año o de ciertas fechas con contenido feminista. La única manera de acabar con todas las opresiones a las que el sistema capitalista nos lleva es asegurar que los y las oprimidas tengan un papel fundamental en la lucha de clases. Las mujeres trabajadoras y las jóvenes debemos participar de los procesos de lucha que puedan ir generando brechas en el sistema capitalista de cara a ahondar aún más en las cuestiones específicas de género. Sólo siendo verdaderas referentes y consiguiendo luchas permanentes en el tiempo, que incluyan todo lo que este 8 de marzo pone sobre la mesa, estaremos más cerca de conseguir todas las reivindicaciones por las que peleamos.

 

Lo primero es minar la base material de la desigualdad de hombres y mujeres, o de la dependencia económica de estas últimas:

 

– Es necesario lograr que todo el mundo pueda trabajar. Para eso, es necesario enarbolar dos consignas, la prohibición de los despidos por un lado y el reparto del trabajo por otro. Además, para garantizar la integración en igualdad de las mujeres es imprescindible ampliar y equiparar los permisos de maternidad y paternidad, aumentar los derechos de lactancia y establecer horarios que logren la conciliación familiar, así como dotar de escuelas infantiles tanto las universidades como los centros de trabajo para que la mujer pueda incorporarse al trabajo o los estudios en el momento que lo considere conveniente sin que la maternidad se convierta en un hándicap para nosotras.

 

– Defendemos la consigna de la igualdad salarial entre ambos sexos. Sin embargo, un salario igual de miserable para tod@s nos seguiría condenando a una vida de penurias y mantendría de facto la necesidad de complementar el salario propio con el de la pareja para hacer frente al coste de la vida. Por eso es necesario articular esta exigencia a la subida de los salarios. ¡Igualdad salarial y escala móvil de los salarios con respecto al coste de la vida!

 

– Para dar cobertura a los y las trabajadoras paradas, mayormente mujeres, es necesario establecer un subsidio de paro indefinido, que cubra de verdad las necesidades de estas personas. Y puesto que en los años de bonanza y en estos de crisis los empresarios no han dejado de enriquecerse, este subsidio debe salir de un impuesto especial a dichos capitalistas.

 

– Debemos ir a la huelga para aumentar la cuantía de las pensiones mediante una escala móvil de cara a no quedar desfasadas con el coste de la vida, incluyendo la Pensión no contributiva (destinada especialmente a mujeres que se han visto abocadas a ejercer el arduo papel no retribuido de cuidadoras). Para asegurar estas pensiones hay que eliminar los topes de cotización de las rentas más altas, así como acabar con las pensiones millonarias que se ponen los banqueros y empresarios.

 

Otro elemento central es el tema de los cuidados. El patriarcado sirve para garantizar al sistema capitalista de un trabajo invisible de cuidados que perpetúe y garantice la reproducción de la fuerza de trabajo. Para ello es necesario abrir un debate sobre cómo enfocar esta cuestión para lograr que este trabajo sea visto como uno que también hay que abordar de manera colectiva, rompiendo la dinámica del ámbito público-privado. Para ello es necesario exigir:

 

– De cara a ir acabando con algunas de las cargas del trabajo doméstico, es necesario planificarlas, empezando por generar una red de comedores públicos, tanto para las y los niños en las escuelas como para las personas adultas. Lo mismo podemos decir del lavado de la ropa y su mantenimiento, para ello deben crearse grandes centros de lavandería públicos. Para evitar que estos trabajos sean ocupados exclusivamente por mujeres, es imprescindible revalorizarlos, dejando claro que son tan necesarios e importantes como cualquier otro, equiparándolos en paridad junto a las otras ramas laborales.

 

Otras reivindicaciones generales de la juventud y la clase trabajadora deben trabajarse en la huelga general feminista del 8M, aunándolas a las reivindicaciones específicas de las mujeres, aprovechando, entre otras cosas, que hay convocada una huelga estudiantil a nivel estatal para ese día:

 

– Educación pública, gratuita y de calidad, incluida el tramo de 0 a 3 años y los estudios superiores, acabando con doble red de centros públicos y privado-concertados. Elaboración, en colaboración con otros ámbitos relacionados como el sanitario y el social, de programas de educación sexual y en valores de igualdad en las escuelas que permitan implementar una educación reglada sobre estos aspectos. También en este sentido acabar con dejar caer sobre las espaldas de las mujeres trabajadoras todas aquellas tareas educativas mucho más relacionadas con los cuidados.

 

La nacionalización o socialización de las tareas de cuidados no es suficiente si las mismas mujeres se ven relegadas a estas tareas de manera profesionalizada. En la sanidad y en la educación, así como en todos los sectores de cuidados y de reproducción de la ideología capitalista, son las mujeres las relegadas a estas tareas, por lo que debe haber una planificación real con respecto a estas cuestiones de cara a que la socialización no vuelva a especializar a las mujeres en trabajos que tradicionalmente han desarrollado en el ámbito privado.

 

– La sanidad debe ser pública, gratuita y universal para todas las personas, nativas o extranjeras, sin ningún tipo de cortapisa. Además, es necesario eliminar la sanidad concertada y cualquier recurso público a la gestión privada. Los derechos sexuales y reproductivos deben de estar contemplados en el Sistema Sanitario: financiación de métodos anticonceptivos, reasignación sexual y aborto libre, gratuito y universal.

 

Entendemos que la violencia machista es estructural. Para acabar con ella es necesario un cambio más profundo que acabe con un sistema que busca el máximo beneficio en manos de unos pocos y se mantiene en base a todo tipo de opresión entre la que destaca la violencia machista. Esto solo se logrará mediante la movilización sostenida en las calles, en los barrios y centros de trabajo. Solo de esta forma se podrá aumentar el nivel de conciencia de la mujer trabajadora con el fin de erradicar la enfermedad real del patriarcado. Los asesinatos y la violencia física son quizás las formas más llamativas y visibles de las violencias que se ejercen contra nosotras y ante estas situaciones creemos importante crear:

 

– Planes integrales dotados de recursos para la prevención, atención y protección inmediata a mujeres víctimas de violencia machista en coordinación con otros entes educadores y sanitarios.

 

– Servicio 100% público de acogida, alojamiento y protección de las mujeres víctimas de la violencia machista. Desarrollo del derecho a alojamiento, empleo y protección social para permitir a las mujeres salir de la violencia conyugal, los matrimonios forzados y de cualquier tipo de explotación.

 

– Equiparación de derechos para las mujeres inmigrantes independientemente de su situación legal.

 

Desde Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR denunciamos la actitud de las direcciones de los sindicatos mayoritarios que, siguiendo la misma lógica de siempre de la concertación social, no están llamando a la huelga sino a paros parciales, desperdiciando una nueva oportunidad de movilizar a los y las trabajadoras. Para poder imponer todas estas medidas es imprescindible movilizar a los más amplios sectores de la juventud y la clase trabajadora, secundando y construyendo las convocatorias de huelgas en los centros de trabajo y de estudio.

 

Porque para ganar no bastará con un día de movilización por más masiva que pueda ser y por eso debemos trabajar desde ya en una hoja de ruta que nos permita usar éste y otros días para desembocar en una Huelga General que aglutine todas la reivindicaciones de todos los movimientos sociales y que pueda poner en jaque a las clases dominantes y poner encima de la mesa que apostamos por nuestras vidas frente a sus beneficios, y que basta de utilizar nuestros cuerpos y nuestro género para obtener el máximo beneficio.

 

Comunicado de Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR

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