40 años de democracia tutelada por los benefactores del fraquismo

Por Eco Republicano

Hace 40 años que se celebraron en España las primeras elecciones después de la dictadura. Aquellas elecciones mal llamadas “democráticas” no permitieron votar en libertad ya que vetaron la participación de los partidos republicanos en los comicios.

Por Eco Republicano

El rey sucesor de Franco
El 22 de julio de 1969 el príncipe don Juan Carlos de Borbón era designado por el dictador Francisco Franco como su sucesor en la Jefatura de Estado a título de Rey.
Cuando el genocida Franco pronunció su famosa frase: “Todo está atado y bien atado”, en el mensaje anual de diciembre de 1969, lo hizo con la intención de imponer la posteridad de su régimen y tranquilizar a quienes suponían que la dictadura moriría con él.
Tras la muerte del dictador en 1975, el rey juró acatar los Principios del Movimiento Nacional, destinados a perpetuar el franquismo. El 22 de noviembre de ese mismo año, Juan Carlos de Borbón era proclamado rey de España por las Cortes franquistas.
En su discurso, el nuevo rey Juan Carlos de Borbón tuvo palabras de “respeto y gratitud” para Franco: “Una figura excepcional entra en la Historia. El nombre de Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea”.
Elecciones Generales de 1977 y veto a la República
A la muerte del fascista Franco, llegó el “café para todos”, celebrándose el 15 de junio de 1977 las primeras elecciones después de la dictadura, en las cuales la UCD el partido de Adolfo Suárez (ex ministro y secretario general del Movimiento) logró mayoría simple y el PSOE de Felipe González se convirtió en líder de la oposición
Aquellas elecciones mal llamadas “democráticas” no permitieron votar en libertad. En este sentido, los ex ministros franquistas, Manuel Fraga Iribarne y Rodolfo Martín Villa, vetaron la participación en las elecciones a los partidos republicanos que luchaban para el restablecimiento de la República. Así mismo, durante ese corto periodo, los líderes republicanos de Acción Republicana Democrática Española (ARDE) fueron perseguidos y encarcelados por exhibir banderas republicanas y distribuir pasquines en pro de la República durante reuniones clandestinas celebradas en el año 1977.
A través de una grabación inédita, el presidente Adolfo Suárez, confesó que evitó someter a referéndum la monarquía española porque tenía encuestas que le aseguraban que la mayoría de los españoles estaban en contra y preferían una República. Lo que demuestra que el esfuerzo de los gobiernos republicanos en el exilio no fue en balde.
Con Adolfo Suárez en el poder, las fuerzas políticas prefabricaron una nueva Constitución a medida de la monarquía, en la cual venía impuesta la jefatura de Estado que recaía en la persona del rey Juan Carlos de Borbón; además, la carta magna concedía numerosos privilegios a la Corona. Dicha constitución fue refrendada por un referéndum el 6 de diciembre de 1978.
La pervivencia del franquismo
El precio de la Transición para el “regreso de la democracia” fue la pervivencia del franquismo que se convertiría en tumor maligno irreversible, haciendo de España un país dominado por los benefactores del franquismo, sometido a la corrupción y confinado al ostracismo.
En este contexto, la extrema derecha española asumió la representación ideológica del neofranquismo residual, mientras que el PSOE y PCE moderaban sus discursos renunciando a la República, aceptando la monarquía impuesta por el dictador Franco y amnistiando en 1977 los crímenes del franquismo con una espuria Ley de Aministía.
En 2007 el Juez Baltasar Garzón atribuyó a Franco y a otros 34 jefes que dirigieron la rebelión contra la República un plan de exterminio sistemático de sus oponentes políticos que provocó al menos 114.266 personas desaparecidas. Esos hechos fueron calificados por el juez como crímenes contra la humanidad.
En resumen, el llamado “consenso” de la Transición no fue más que un reparto del poder, una democracia tutelada por los benefactores del franquismo, sin libertad constituyente, que permitió la pervivencia del legado ideológico franquista -antaño nacionalcatolicismo-, el nuevo régimen surgido tras la muerte del dictador, no rompió con las estructuras de los poderes fácticos emanados en el franquismo. De esta forma, los responsables de la dictadura resultaron así impunes frente a sus crímenes.
Disolución del Gobierno de la República en el exilio
Después de las elecciones del 15 de junio de 1977 y tras casi 38 años de permanencia fuera de España, el gobierno republicano en el exilio se disuelve oficialmente junto con todas sus instituciones, sin reconocer expresamente a la monarquía instaurada en 1975 pero aceptando la validez de las elecciones de 1977 y la democracia surgida de ellas.
El último presidente de la República en el exilio, don José Maldonado, junto con don Fernando Valera Aparicio, el último presidente del Consejo de Ministros, emiten una Declaración de la Presidencia y del Gobierno de la República Española en el exilio el 21 de junio de 1977, en París.
En dicho texto, los líderes de la República en el exilio reafirman la legalidad institucional emanada de la Constitución de 1931 y la validez de los procesos electorales de 1931, 1933 y 1936, mantenida durante el exilio, “con el especial designio de devolverle al pueblo el libre ejercicio de los derechos cívicos”. Elogian que las urnas —pese a tener su origen en la legalidad franquista— marquen “un nuevo proceso que crea una nueva legitimidad democrática”, al tiempo que señalan la no participación de los partidos republicanos en las elecciones y la “no correspondencia equitativa” entre el número de votos y escaños asignados.
Fernando Valera, glosando las palabras de don Emilio Castelar, nosotros, los republicanos, repetimos: “Jamás serviré a la monarquía, aunque ahora se muestre en concordia con la democracia; porque, si la monarquía no me excluye de su seno, me excluyen la historia, el honor y el patriotismo”. 
1 Comentario
  1. Vaya, resulta que esas y todas la demás “elecciones” (nada eligen los votantes, pues sólo reparten el pastel que los jefes de los partidos han hecho en forma de listas electorales), digo que resulta que esas y las demás “elecciones” no son democráticas porque no dejaron presentarse a todos los partidos políticos. Y resulta que son democráticas aunque estemos en un RÉGIMEN DE PARTIDOS DEL ESTADO, es decir, DE PARTIDOS POLÍTICOS DE MASAS QUE SON SIMPLES Y SIMPLONES FUNCIONARIOS-BURÓCRATAS DEL PEQUEÑITO APARATO DEL ESTADO Y QUE NO SON PARTIDOS POLÍTICOS PERTENECIENTES A LA SOCIEDAD CIVIL.

    En fin, qué mal está en asunto laboral cuando muchos se dedican a meterse en esos partidos políticos de masas que son simplemente aparatos del ESTATALISMO, para así conseguir algún cargo, puesto de burócrata o, si suena la flauta, algún tipo de canonjía superior, etc., etc., etc.

    En fin.

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